Integré la delegación de la Internacional Socialista a Venezuela como observador en las elecciones legislativas.
A las 4:30 de la mañana bombas de estruendo tocaron diana y fuegos artificiales anticiparon los primeros discursos oficialistas convocando con tono marcial a votar en una elección que es voluntaria ( la concurrencia fue del 66 %) y que se realiza de manera electrónica.
Se eligieron 165 diputados en un sistema mixto, 110 en circunscripciones nominales y el resto de manera proporcional.
Visitamos distintos lugares de votación, entre ellos el Barrio 23 de enero donde vota el Presidente, muy conocido por ser el territorio de Los Guardianes de Chávez .
A casi doce horas de cerrado el comicio es difícil tener información precisa sobre los resultados, aunque es seguro – según datos oficiales- que el gobierno no tiene las mayorías especiales que se proponía y, según datos extraoficiales, es posible que en números absolutos de votantes, sin considerar las bancas distribuídas por un intrincado sistema electoral, la mayoría de los venezolanos hayan expresado su desacuerdo con la "democradura" de Chávez.
Uno de los procesos políticos que distingue la dinámica de los asuntos globales en la segunda mitad del siglo pasado es la democratización. En efecto, entre 1960 y 2004 se registran 123 episodios de democratización en 88 países.
En América del Sur, la instauración democrática Argentina de 1983 abrió el camino en el resto de los países de la Región que, hasta entonces, de la mano de la Doctrina de la Seguridad Nacional en el contexto de la la Guerra Fría entre las superpotencias, estaban sumergidos en la noche de los autoritarismos.
Guillermo O’Donnell – como el dice- dedicó “ buena parte de su vida académica al estudio de un tema que detesto, los regímenes autoritarios, y más tarde a otro que me produjo gran alegría: la terminación de esos regímenes” y es, sin duda, una referencia insoslayable cuando de pensar el estado de la democracia en América Latina se trata.
De ahí la relevancia de la visita del Dr O’Donnell a la sede de la UCR donde señaló que “los partidos políticos tendrán un duro desafío para transitar la transición desde una democracia delegativa hacia una democracia plena”.
En este plano destacó que “ la UCR presenta una notable reactivación y exhibe importantes figuras para llevar adelante este proceso”.
“Nuestro país necesita de partidos políticos serios, organizados y comprometidos. No alcanza sólo con liderazgos personales para alcanzar una democracia plena”, enfatizó O´Donnell y destacó “Alfonsín ha dejado una marca indeleble en el proceso de la recuperación de la democracia”.
“La Argentina tiene que ir superando las terribles desigualdades que enfrenta y para ello en necesario un partido político fuerte, que aprende y se desarrolla, no alcanza con un conglomerado de voluntades” explícó el destacado polítólogo.
El video del Diálogo abierto entre O’Donnell y Ernesto Sanz está disponible en la web del Partido, http://ucr.org.ar/contenidos-especiales/confirmar/video-odonnell/50/1186662414/jesusr@ucr.org.ar
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La región de América Latina no sólo es la más desigual del planeta sino que, además, el país menos desigual lo es en mayor medida que cualquier otro de los países del mundo desarrollado. Esa desigualdad social es en América Latina, y también en nuestro país, un riesgo para la estabilidad democrática y la convivencia pacífica.
El análisis de los datos de la Argentina, a pesar de las manipulaciones oficiales, permite comprobar que de las personas cuyos ingresos familiares no superan la línea de pobreza, el 40% son niños menores de 15 años y que el gran Buenos Aires concentra el 46% de las personas pobres del país.
Esta dramática realidad , que desafía la conciencia social, se manifiesta a pesar de la recuperación económica y de los casi 10 puntos del PBI que aumentó el gasto público en los últimos ocho años lo que evidencia, al menos, un muy discutible orden de prioridades en la gestión del matrimonio gobernante.
De allí que resulta imperioso que en la inminente discusíón presupuestaria, el Congreso propicie normas que, alejadas de todo facilismo económico, atiendan el problema de la desigualdad.
Para ello, resulta indispensable consagrar por Ley la Asignación Universal por Hijo que recién a fines del año pasado implementó el Gobierno, de manera parcial, como resultado de la presión política, el reclamo social y la recomendación académica. Esta Asignación debiera ser más abarcativa y transparente – evitando errores de exclusión y minimizando el clientelismo- y, además, prever un mecanismo de actualización ya que la decidida en Diciembre lleva perdido hasta ahora un cuarto de su capacidad de compra por efecto del crecimiento de los precios de los alimentos.
Si recorremos este camino es posible que la Argentina empiece a dejar de ser “ el fracaso distributivo experimentado como pocos países del mundo” como lo señalo Leonardo Gasparini Director del CEDLAS, Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales, un centro de excelencia de la Universidad de La Plata , que cuando lo visitamos a principios de Julio nos informó que funcionando eficaz y plenamente la Asignación Universal puede llevar la situación de desigualdad de nuestro país a los niveles de mediados de la década del ochenta. Parece poco, pero dejar atrás las consecuencias, en términos de la estructura social, de la convertibilidad y los populismos -de los noventa y actuales- constituiría un avance extraordinario.