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Ideas actualizadas para los Ideales de Siempre

La pandemia que azota el mundo -aún sin saber cuándo termina y cuántas víctimas deberemos lamentar- ya generó la peor crisis económica en un siglo, produjo el primer retroceso registrado en el Índice de Desarrollo Humano que la ONU realiza desde hace treinta años y consolida una nueva década perdida, en términos económicos y sociales, en la Región de América Latina.

Las consecuencias de la Pandemia son múltiples.

Para empezar, nuestras sociedades serán más pobres y más desiguales. Según la CEPAL, en América Latina, al tiempo que el número de pobres se incrementará en 45 millones de personas, casi 3 millones de empresas -una de cada cinco- habrán dejado de existir.

Por otro lado, las demandas sociales crecientes presionan por mayores prestaciones del sector público sumando exigencias a estados que a sus debilidades estructurales le agregan, en el mundo en desarrollo, las dificultades para financiar estos mayores requerimientos presupuestarios.

También, los miedos individuales y las incertidumbres sociales son ambiente propicio para la emergencia o consolidación de liderazgos autoritarios en todos los continentes. De allí que la Internacional Socialista denunciara el  uso  de la pandemia “como pretexto para restringir libertades” y que destacados líderes democráticos y progresistas de América Latina alertaran sobre “los riesgos de una regresión democrática en la Región”.

A continuación, se presentan algunos rasgos distintivos del esquema de poder del movimiento que gobierna nuestro país y las consecuencias de las políticas seguidas por la administración. En el capítulo siguiente se describen los pilares de una propuesta para superar el estancamiento secular y el rumbo de decadencia en la post pandemia y, finalmente, se señalan algunos puntos de la hoja de ruta para la UCR, el partido más antiguo y el más actualizado de nuestro país.

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Fuga de Capitales: No Se Habla, pero Hay

Paglieri  Eduardo Anguita, respetable periodista que adhiere al Gobierno de la Presidente Kirchner,  tuvo un diálogo telefónico en su programa radial con la Secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri.

Allí la funcionaria, además de amonestar al periodista por el tono de la pregunta afirmó: “No hay fuga de capitales y si lo hubiera sería un hecho grave”.

Bueno, creo que habría que ir avisándole a la funcionaria que ese episodio grave se viene produciendo desde hace más de cuatro años y que está adquiriendo  matices preocupantes.

En efecto, entre los años 2003 y 2011 el esquema de gobierno se sustentó en tres pilares, uno de los cuales era el superávit del comercio exterior, cuyo saldo acumulado – exportaciones menos importaciones- fue de alrededor de 132000 millones de dólares.

De acuerdo a los datos oficiales, ese saldo comercial favorable se destinó al incremento de las reservas en alrededor de 38000 millones de dólares; a las remesas netas originadas en la Inversión Extranjera Directa – utilidades, royalties, etc- por una cifra cercana a los 23000 millones de dólares; a pagos netos  a organismos multilaterales de crédito – el llamado desendeudamiento- por alrededor de 11000 millones de dólares y el resto,  casi 60000 son salida de capitales privados.

La acumulación de activos externos , vulgarmente conocida como  fuga de divisas, fue equivalente a algo menos de la mitad del superávit comercial generado en  los ocho años de gobierno de los Kirchner.

El tono de complejidad creciente de la situación económica , que el Gobierno se empeña en negar, se revela cuando los tres pilares del cual el Gobierno se vanagloriaba están seriamente debilitados, esto es los superávits fiscal y comercial se transformaron en deficitarios y el tipo de cambio  impactado por la inflación repercute en dificultades crecientes para los exportadores.

Con un escenario previsible mucho menos auspicioso, tanto global como localmente, es difícil pensar que esa salida de capitales se detenga o se reduzca en los próximos meses por lo que los periodistas serios, amigos o distantes del gobierno, deberán de abstenerse de preguntarle a Paglieri o, más probable, los funcionarios deberán tener otra política.