El gran historiador Eric Hobsbawm consideraba al Siglo XX como el más violento de la historia de la Humanidad, y en nuestro país, la violencia política, junto a la ajuricidad – entendida como el desprecio al sano ejercicio del respeto a las normas – fue un componente distintivo que caracterizó la vida pública hasta la instauración democrática de 1983.
El golpe de estado de septiembre de 1930 marcó el inicio de una serie de interrupciones institucionales convalidadas por la insólita acordada de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que reconoció la legalidad a ese y a los futuros gobiernos de facto. Además, constituyó, la justificación a la teoría de que “el fin justifica los medios” , la cínica noción que ignora que ningún objetivo loable puede ser la excusa para recurrir a medios innobles.

