El triple desafío del desarrollo

La semana pasada nos convocamos en la Auditoria General de la Nación para discutir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con un panel de invitados de alto nivel integrado por el Vicejefe de Gabinete de Ministros, Mario Quintana, el Representante del PNUD, Mauricio Valdés y el Director del Indec, Jorge Todesca.

El compromiso global de la Agenda 2030 implica concebir el desarrollo como la articulación virtuosa entre crecimiento económico, inclusión social y sustentabilidad ambiental.

Decidimos impulsar este seminario -no por un interés académico- sino porque la AGN tiene un papel relevante a cumplir en la Agenda 2030 adoptada por el Estado argentino junto a otros 192 países. Es una oportunidad para abordar sistemáticamente el desafío de concebir el desarrollo como la articulación virtuosa entre el crecimiento económico, la inclusión social y la sustentabilidad ambiental.

En el sustrato de los ODS están implícitos tres procesos que caracterizan la evolución de los asuntos globales en las últimas décadas: la globalización económica, la democratización política y la desigualdad social.

La globalización conlleva una integración creciente de los mercados y, como consecuencia, restringe las capacidades nacionales. Por eso los ODS requieren instancias supranacionales que permitan velar por el bien común global.

Un fenómeno que ha jugado a favor del consenso alcanzado ha sido la oleada democrática de las últimas décadas, esa que empezó en Europa mediterránea en la segunda mitad de los 70, siguió en América Latina con la recuperación de las libertades políticas en Argentina con Raúl Alfonsín y finalmente en Europa Oriental tras la implosión de la Unión Soviética.

Finalmente, la desigualdad. Es que, si bien la pobreza ha disminuido en el mundo, la brecha entre los que más poseen y los que menos tienen se agranda a pasos agigantados.

Las estadísticas estremecen. En esta entrada del blog reproduje estadísticas del informe 2016 de Oxfam según el cual 62 personas concentraban una riqueza equivalente a la que poseía el 50% del resto de la población mundial. En el informe de 2017, el número se había reducido a 8 personas.

El telón de fondo de los ODS es la globalización, la democratización y la desigualdad.

Todo esto reconfirma la necesidad de avanzar en la consecución de los ODS, el primero de los cuales es -justamente- la erradicación de la pobreza.

Otro de los objetivos -el que toca más de cerca a la AGN- es el que busca promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas e implica la construcción de instituciones responsables y eficaces en todos los niveles.

El panorama que obtuvimos en el seminario de la semana pasada fue muy interesante en cuanto mostró la perspectiva de la gestión local en Jefatura de Gabinete, la del PNUD, que impulsa la iniciativa a nivel global, y la estadística, a través de un INDEC que desarrolla las necesarias líneas de base y modelos estadísticos comparativos que permitan medir cuánto se avanza en la concreción de las metas asumidas.

Comparto aquí el video completo de la conferencia con las respectivas intervenciones:

00:15 – Jesús Rodríguez, Auditor General
06:08 – Mario Quintana, Vice Jefe de Gabinete de Ministros
17:30 – René Valdés, Representante del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
43:39 – Jorge Todesca, Director del INDEC
01:24:45 – Oscar Lamberto, Presidente de la AGN

Datos matan espejitos

La semana pasada estuve en un seminario organizado por la Iniciativa de Desarrollo de la INTOSAI y el Departamento de Economía y Asuntos Sociales de la ONU con el fin de capacitarnos para auditar e impulsar la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Cuando se toma contacto con los ODS por primera vez, se tiene la impresión de algo inabarcable. Los 17 objetivos que los 193 países firmantes pretenden lograr de aquí a 2030 son tan ambiciosos que pueden parecer espejitos de colores.

En 2015 se llegó a un consenso en la comunidad internacional acerca de la necesidad de acabar con el hambre, la pobreza y la exclusión, de garantizar el agua, el acceso a una educación inclusiva y a una vida sana a todos los habitantes del planeta, entre otros objetivos que -aunque de abordaje muy complejo- piden a gritos ser alcanzados en un mundo que disminuye lentamente los niveles de pobreza pero aumenta rápidamente la desigualdad (ver entrada anterior sobre este tema).

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Las tierras de los pueblos originarios

Salinas Grandes, Jujuy. Foto: Marisa Estivill / Shutterstock.com

En 1985, siendo Diputado Nacional, voté la primera ley de protección a las comunidades indígenas que tuvo la Argentina.

Tres décadas más tarde me toca estar del otro lado del mostrador, evaluando la gestión del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, el organismo que la ley previó para materializar sus objetivos.

El informe aprobado en el Colegio de Auditores la semana pasada (descargar aquí) trata sobre la gestión del INAI con respecto al Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, al cual nuestro país adhirió también en los ’80 y ratificó recién en el 2000.

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La buena gobernanza

Imagen: Organización de Naciones Unidas
Imagen: Organización de Naciones Unidas (ONU)

La semana pasada estuve en Brasilia en ocasión de una reunión de la OLACEFS, el organismo internacional que aglutina a las instituciones de auditoría gubernamental de la región latinoamericana.

En representación de la Auditoría General de la Nación, presido la Comisión Técnica de Prácticas de Buena Gobernanza, desde donde buscamos impulsar un proceso de mejora en la gestión de los recursos públicos que va más allá del tradicional control fiscal.

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