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La agenda más consensuada

Los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) representan la agenda global con mayor consenso de los últimos años; más de 190 Estados -entre los que se cuenta la Argentina- se pusieron de acuerdo para encarar y materializar caminos de solución a complejas problemáticas globales. La participación ciudadana es parte de la formula para el éxito. 

¿Qué fines persiguen los ODS?

Los ODS como agenda global, tratan de atender aquellos flancos débiles de la vida en sociedad que necesariamente deben encararse de manera mancomunada. Son 17 objetivos, ambiciosos; se busca alcanzarlos de forma conjunta, interrelacionada y simultánea. Se trata de desafíos múltiples, que abarcan lo político e institucional, lo ambiental, lo social y lo económico.

Estos objetivos multidimensionales cuentan con 169 metas y el compromiso de cumplirlas para el 2030. De aquí a ocho años, a nivel global, deberíamos haber logrado, por ejemplo, lo siguiente:

  • Erradicar la pobreza extrema.
  • Poner fin al hambre y asegurar el acceso de todas las personas a una alimentación sana, nutritiva y suficiente durante todo el año.
  • Reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100.000 nacidos vivos.
  • Asegurar que todas las niñas y todos los niños terminen la enseñanza primaria y secundaria, que debe ser gratuita, equitativa, de calidad y producir resultados de aprendizaje pertinente y efectivo.

Las metas que cité son sólo 4 de las 169. Sin lugar a dudas un desafío global tan grande, destinado a combatir la pobreza, trabajar por la equidad, proteger el ambiente y fomentar el desarrollo económico, no puede ser ni remotamente pensado sin diseñar instituciones fuertes, en fluido contacto con la sociedad civil y debidamente controladas desde el punto de vista de la gestión estatal.

Sobre este último punto, los desafíos del control en el cumplimiento de la Agenda 2030, organicé una conferencia el mes pasado como parte de mis actividades al frente de la comisión de buena gobernanza que presido en la OLACEFS. Fue interesante escuchar al representante residente del PNUD, Claudio Tomasi, y -por la SIGEN- al síndico general Carlos Montero y a la síndica adjunta, Irma Miranda. Hubo un consenso alrededor de la necesidad de incorporar múltiples actores al proceso de cumplimiento y control de los ODS. Tomasi ponderó el “trabajo mancomunado con diversos actores de la sociedad para reducir la desigualdad” y los representantes de la SIGEN dieron sendos ejemplos de “trabajo en conjunto” que se formalizaron en la creación de diversas instancias colaborativas, algunas de las cuales incorporan a la sociedad civil, como las reuniones de trabajo con la Red de Intercambio Técnico con la Economía Popular.

El rol de las instituciones y la participación ciudadana

El mundo logró consolidar la democracia como forma de gobierno en una gran cantidad de países; sin embargo, no sólo se requiere defenderla a diario de los embates populistas, sino que la democracia necesita un upgrade que lleve a la humanidad a vivir en sociedades más equitativas. Por eso mismo surge una agenda como la de los ODS, que busca “no dejar a nadie atrás”.

Para lograr el cometido, la gestión y el gasto público deben canalizarse hacia el cumplimiento de los ODS. Los objetivos necesitan recursos, y muchos. Su control y monitoreo es imprescindible para asegurar que no nos desviamos del camino hacia el progreso con el que nos hemos comprometido.

La solidez institucional es requisito para alcanzar todos los objetivos y es, de hecho, uno de los ODS, el 16: “Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles”.

La ambición de la agenda 2030, el apremio de la desigualdad y la diversidad de puntos de vista y demandas que conviven en las complejas sociedades actuales, requieren la permeabilidad e interacción de las instituciones públicas con la sociedad civil.

La Auditoría General de la Nación (AGN) entendió hace ya dos décadas que no sólo debe realizar un control horizontal, en cumplimiento estricto de su mandato constitucional, sino que también debe promover el control vertical, para que los ciudadanos -y las organizaciones que los representan- puedan incorporar su visión y propuestas al proceso de control.

¿Qué estamos haciendo desde la AGN?

En los últimos tiempos, la AGN incrementó y fomento aún más la participación ciudadana. Esta práctica tiene sus orígenes en 2002, cuando un colectivo social puso de relieve la necesidad de auditar la aplicación de normas de accesibilidad para personas con discapacidad. Hace poco, presenté el caso de la AGN en el simposio anual de ONU INTOSAI.

La participación ciudadana como mecanismo para el fortalecimiento institucional y democrático – el caso argentino from Jesús Rodríguez

El sostenimiento del vínculo con la ciudadanía a lo largo del tiempo, a través de mecanismos institucionales, ha merecido el reconocimiento de la AGN en esta materia. Este año, sin ir más lejos, la International Budget Partnership (IBP) dedicó un capítulo de su reporte anual a reconocer el trabajo realizado junto a organizaciones de la sociedad civil en una auditoría sobre la gestión ambiental de un programa nacional de prevención de la enfermedad de Chagas. Por otra parte, cuando en junio pasado el Consejo Nacional de Políticas Sociales hizo la presentación sobre ODS ante el panel de alto nivel de Naciones Unidas, valoró muy positivamente el trabajo de la AGN con relación a la interacción ciudadana para el control de los ODS.

En un momento de baja confianza en los gobiernos, el parlamento y los partidos políticos, como el que transita el mundo y particularmente la región latinoamericana, la participación ciudadana permite distribuir el poder entre más actores y proveer a la ciudadanía formas directas de influir en el devenir de las políticas públicas. En la AGN esto ha dado muy buenos resultados y, sobre todo, ha insertado al organismo en la realidad cotidiana de la población. Resalto como ejemplos de auditorías planificadas de modo participativo, además del programa sobre Chagas al que me referí antes, uno sobre precios de la telefonía celular y otro sobre los beneficios para usuarios electrodependientes por cuestiones de salud.

En una reciente sesión del Colegio de Auditores, se presentaron las propuestas recibidas por parte de las OSC para incorporar a la planificación de auditorías 2022, próxima a aprobarse. Es con gran satisfacción que vemos que -a través del programa de planificación participativa- la AGN recibió este año el doble de propuestas que el promedio de la última década, con la participación de tres veces más organizaciones que el promedio en ese mismo período. Las temáticas giran en torno al medio ambiente, la inclusión en materia de discapacidad, la respuesta estatal a la pandemia, la educación, la conectividad y el funcionamiento de los entes reguladores.

La alta participación de las OSC se explica no sólo en los exitosos resultados históricos del programa y el impulso que le hemos dado en estos tiempos de desasosiego social, sino en el fácil acceso a los mecanismos institucionales de vinculación, que se inicia completando un simple formulario en el sitio web de la AGN. Pero además, y esto es clave, la recepción de mas propuestas y el interés de mas OSC habla de un despertar ciudadano que amplía las ópticas y habilita perspectivas multidimensionales a la tarea de control del Estado.

En lo personal, puedo dar testimonio sobre la valiosa información y enseñanza práctica de la que me nutro en cada reunión con las distintas Organizaciones de la Sociedad Civil que acercan sus puntos de vista a la AGN; desde que asumí la presidencia tuve oportunidad de conversar con OSC que trabajan en temas ambientales y desarrollaron el monitor legislativo ambiental, aquellas que impulsan una mejor calidad de vida para las personas con discapacidad, las que -en esta época tan compleja de pandemia- pusieron en práctica un observatorio para monitorear la adquisición y distribución de vacunas contra la COVID-19, las que persiguen la igualdad de genero, las que defienden los derechos de la niñez y las que velan por los derechos de los consumidores, entre otras.

CONCLUSIÓN

Las crisis siempre tienden a sacudir y desnudar diversos aspectos que en otras instancias quedan en segundo plano. La gestión de la pandemia puso en evidencia falencias por parte del Estado, también se sacudieron ciertas fibras en la ciudadanía que llevan a querer participar e involucrarse más.

Es importante que los órganos que componen el estado, estén preparados para canalizar esa energía ciudadana en acciones concretas que permitan materializar objetivos de forma virtuosa para todos.

Este motor ciudadano es imprescindible para llegar al 2030 con la mayor cantidad posible de objetivos de desarrollo sostenible alcanzados. La Argentina, en particular, tiene un atraso y un letargo de larga data para lo cual tanto la participación ciudadana como la fortaleza institucional son condiciones necesarias en la persecución de una agenda de progreso como la de los ODS.

A la tarea de una mayor sinergia social, para un mejor desempeño institucional, estamos abocados.

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A cuatro años del compromiso ODS

En julio participé de una reunión internacional en las Naciones Unidas en la que se evaluó el nivel de preparación de los países para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, esa gran empresa mancomunada por erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad, que resulta cada vez más central en la tarea de auditar la gestión estatal. 

En el año 2015, en la Asamblea General de la ONU, más de 190 Estados -entre los que se cuenta nuestro país- se comprometieron al cumplimento de una serie de objetivos, conocidos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los ODS.

Los ODS, que son diecisiete, se basan en atender de manera simultánea desafíos de naturaleza ambiental, de tipo político y de contenido económico y social. A escala global, y a su vez cada Estado, se proponen 169 metas, a ser cumplidas en un horizonte que se extiende hasta el año 2030.

Este compromiso es posible por la confluencia de tres procesos que han caracterizado los procesos globales en las últimas décadas: la democratización como forma de gobierno, la globalización de la economía y la creciente desigualdad entre las naciones y hacia el interior de los países, tema sobre el que hablé recientemente en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas.

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Progreso social y participación ciudadana

Seminario Internacional Tribunales de Cuentas y Control Público
Seminario Internacional de Tribunales de Cuentas y Control Público, Quito, Ecuador, febrero de 2019

La gran cuenta pendiente de las democracias globalizadas es la igualdad.

El compromiso de la Agenda 2030 -asumido por 193 países en Naciones Unidas y plasmados en  17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)- aborda esta tarea en varios de los enunciados e incluso dedica el objetivo 10 específicamente a la reducción de la desigualdad.

Sobre este tema y el contexto global en que se desarrolla estuve hablando en ocasión del Seminario Internacional de Tribunales de Cuentas y Control Público realizado por la Contraloría General del Estado de Ecuador.

Los ODS tienen un puntal en control social y participación ciudadana, así como también en el fortalecimiento de las instituciones, y por esto involucra muy de cerca a las entidades de fiscalización superior, como la AGN y la contraloría de Ecuador.

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2018: un año centrado en lo global

La semana pasada aprobamos los últimos informes de 2018 en el Colegio de Auditores, entre ellos un detallado análisis de los fondos públicos aplicados al programa Futbol para Todos (ver síntesis) y un estado de situación del sector del transporte de pasajeros de larga distancia (ver síntesis). 

Ver síntesis de las auditorías destacadas de 2018

Con esto cerramos el 2018, un año en el que la Argentina fue anfitriona del G20 y la AGN también realizó su aporte para proyectar al país en el mundo: fue sede de la Asamblea Anual de la OLACEFS, organizó un seminario internacional sobre igualdad de genero y acordó varios proyectos de alcance global

Les acerco una vista sintética de mis posts 2018 sobre la AGN y les dejo un saludo de fin de año junto al deseo de que 2019 nos impulse a seguir construyendo cada vez más ciudadanía.

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Crisis políticas, igualdad de genero y desarrollo global

A propósito de algunas dificultades locales pero sobre todo a causa de las crisis políticas en México, Brasil, Italia y España, me preguntó un periodista si la política estaba haciendo agua para resolver los problemas de la sociedad.

La capacidad o incapacidad para brindar soluciones está en cómo se conduce la tensión entre dos procesos que han distinguido los asuntos globales en las últimas décadas: globalización y democratización; si bien hay más estados democráticos que nunca antes en la historia, su imperio para determinar conductas se ve acotado por el funcionamiento del capitalismo a escala global.

Seminario internacional de igualdad de género en la sede de la Auditoría General de la Nación, 30 y 31 de mayo de 2018

Cuando una sociedad afectada por la insatisfacción se cierra en sí misma, puede amanecer con respuestas populistas. En el caso de Europa, las expresiones suelen venir acompañadas de xenofobia y nacionalismo, lo cual exacerba el aislamiento.

El camino alternativo es el de construir instancias globales supra-estatales capaces de gobernar esa globalización.

Por eso creo en la utilidad, necesidad y eficacia de las herramientas globales institucionales, tales como el G20 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), temas sobre los cuales me he expresado en entradas anteriores (Usemos al G20, Datos matan espejitos, El triple desafío del desarrollo).

La semana pasada se realizó en la sede central de la AGN una seminario internacional muy interesante sobre igualdad de género con foco en el ODS 5: lograr la igualdad de géneros y empoderar a todas las mujeres y niñas.