La Ciudadanía

Una iniciativa conjunta de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) concretó un trabajo que acaba de ser publicado: se trata de La Democracia de Ciudadanía: Una Agenda para la Construcción de Ciudadanía en América Latina. El  Documento , que sintetiza el trabajo de la iniciativa conjunta OEA-PNUD, se plantea contribuir  a la formulación de políticas públicas orientadas a disminuir los déficits de ciudadanía que afectan a las democracias latinoamericanas.

El documento, en el cual colaboré en los temas referidos al papel de los Congresos en la etapa de la pos transición democrática, trae una  definición de democracia muy operativa: “ es una forma de organización de la sociedad con el objetivo de ampliar la ciudadanía, evitar o limitar la dominación de individuos o grupos que impidan este objetivo y lograr la perdurabilidad de la organización democrática”

El texto tambíén alerta sobre el peligro de sucumbir ante la demagogia y el facilismo económico. Dice: “ esto es riesgoso, no sólo para la estabilidad económica sino tambíén para la democracia, quizás tanto como no alcanzar los mínimos indispensables para una organización democrática de la sociedad. Lo políticamente popular puede ser social y económicamente insostenible, generar expectativas irrealizables y materializarse en mayores retrocesos y frustraciones para la ciudadanía. El facilismo económico se vuelve así enemigo de los intereses mayoritarios”.

¿Fútbol? No, es arte

ADN, la Revista Cultural de La Nación que dirige ese gran periodista que es Jorge Fernández Díaz, trae hoy un artículo imperdible sobre fútbol y literatura. Su autora, Verónica Abdala, cita a Albert Camus quien dijo que todo lo que sabía “acerca de los hombres y las obligaciones de los hombres” se lo debía al conocimiento de ese deporte.

Más cerca, pero no menos riguroso en la descripción de la dimensión artística del fútbol , está nuestro Roberto Fontanarrosa en un delicioso cuento actuado maravillosamente por Luis Brandoni.

Pinochet y la Política Argentina

El Embajador de Chile en el país renunció a su cargo luego de la controversia producida por sus declaraciones en las que afirmó que “ la mayor parte de Chile no sufrió la dictadura sino que, al contrario, se sintió aliviada”.pinochet

Estas apreciaciones ignoran los actos de violencia ejercidos desde el Estado autoritario presidido por Augusto Pinochet a partir de 1973, que llevó incluso al Papa Paulo VI a expresar a la prensa mundial su congoja por la “represión sangrienta”, a causa de los cuales alrededor de cinco mil personas recurrieran al auxilio de embajadas y organismos internacionales y que unas cuatrocientas cincuenta mil personas marcharan al exilio. Además, por cierto, de las más de dos mil víctimas del terrorismo de Estado identificadas por la Comisión  presidida por el Dr Raúl Rettig, prestigioso abogado de filiación radical que fuera Embajador en Brasil durante la Presidencia de Salvador Allende.

Ahora bien, la dictadura chilena tuvo, en sus extensos diecisiete años de vigencia, relaciones notoriamente diferenciadas con los distintos gobiernos de nuestro país: desde las  condecoraciones a Pinochet  y el inicio del Plan Cóndor durante el Gobierno Peronista hasta la ovación recibida en el tristemente célebre Estadio Nacional por el Dr Raúl Alfonsín cuando asumió el Gobierno democrático de la Concertación en 1989.

De esa sombra de Pinochet en la política argentina trata el artículo de mi autoría que publicó Clarín en ocasión de su muerte.

Sudáfrica: Apartheid y Nunca Más

Hasta el año 1992, en Sudáfrica sólo tenían derechos políticos los blancos. El régimen segregacionista iniciado en 1948 que consagró el apartheid tuvo, por cierto,  el apoyo de las dictaduras de los países de la región de América Latina hasta que la democracia instaurada en la Argentina con el Presidente Alfonsín, aún en el contexto de la Guerra Fría, rompió relaciones con el régimen de Pretoria.

El primer Presidente de Sudáfrica libremente elegido, Nelson Mandela, creó una Comisión  de Verdad y Reconciliación presidida por el Premio Nobel Desmon Tutu para afrontar los desafíos que, para la nueva etapa democrática, significaba  la historia de represión y violencia del país.

Es, como me dijo para una investigación que hice sobre el impacto de la democratización argentina en la transición democrática chilena el Dr José Zalaquett -que fuera Jefe del Comité Ejecutivo Internacional de Amnesty International-, una derivación de la importancia muy visible y simbólica de la CONADEP  de Argentina en las alrededor de treinta comisiones de la verdad que se constituyeron, entre otros países, en Chile, Perú, Guatemala y El Salvador.

A 40 años del Surgimiento de Montoneros

Hoy se cumplen 40 años del secuestro seguido de asesinato, que unos pocos insisten en llamar “ajusticiamiento”, de Pedro Eugenio Aramburu que, tanto Clarín como Perfil, recuerdan  en sus ediciones del día en lo que constituye el acta de nacimiento y, al tiempo, bautismo de fuego de la organización político-militar Montoneros.

La  llamada Operación Pindapoy por la organización Montoneros – en ese entonces compuesta por una docena de integrantes entre los que se contaban algunos  con  oscuros orígenes ideológicos en el rancio nacionalismo integrista que admiraba el falangismo español- terminó por conformar un grupo de profesionales de la violencia que reconocían la vigencia de una “ciencia militar”, según documentos de su Conducción Nacional.

La saga de los Montoneros ha sido extensamente analizada en los años recientes luego del pionero ensayo de Pablo Giussani “Montoneros: La Soberbia Armada”. El texto, comentado por Ernesto Sábato como “un libro de trascendencia histórica, conmovedoramente honrado, admirablemente escrito”, demuestra que – más allá del declaracionismo  izquierdista- las inclinaciones, estilos y creencias ideológicas de los Montoneros  pertenecen inconfundiblemente al acervo cultural de la derecha.

A estas alturas no importa tanto si como recuerda Richard Gillespie en su libro “ Montoneros: Soldados de Perón” , citando el diario catalán La Vanguardia del 5 de Agosto de 1970, el jefe Montonero Mario Firmenich realizó veintidós  visitas al Ministerio del Interior de la dictadura durante los meses de Abril y Mayo de 1970.

Tampoco es demasiado relevante si el propio Firmenich era colaborador de los servicios de inteligencia argentinos como informa Martin Andersen, en “Dossier Secreto: El Mito de la Guerra Sucia”, con datos obtenidos de diplomáticos estadounidenses  acreditados en Buenos Aires.

Sí, en cambio, es pertinente admitir que el asesinato de Aramburu contribuyó de manera decisiva a la espiralización de la violencia política,  que alcanzó en la Argentina el paroxismo con el golpe de Marzo de 1976 cuando se institucionalizó  plenamente el terrorismo de Estado, anticipado por la Triple A durante el tercer Gobierno Peronista . 

En ese golpe todos los actores políticos – partidos, sindicatos, medios de comunicación, nucleamientos empresarios, fuerzas espirituales y organizaciones guerrilleras – tuvieron una cuota de participación más o menos comprometida.

¿ Y cual fue la de los Montoneros? Escuchemos de  la propia boca de su  Comandante  Mario Firmenich en un reportaje, a bordo de un avión que cruzaba el Atlántico, a Gabriel García Márquez: “ A fin de Octubre de 1975, cuando todavía estaba el Gobierno de Isabel Perón, ya sabíamos que se daría el golpe dentro del año. No hicimos nada para impedirlo porque, en suma, el golpe formaba parte de la lucha interna en el Movimiento Peronista. Hicimos, en cambio, nuestros cálculos, cálculos de guerra, y  nos preparamos a soportar, en el primer año, un número de pérdidas  no inferior a mil quinientas bajas”.

No es posible reclamar más precisión ni claridad, verdad?