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¿El Día de Cual Democracia?

 
 

Dos celebraciones para conmemorar el retorno a la democracia. A 29 años, dos modelos en pugna. La economía cruje y sufre la amenaza de una intervención mayor. El kirchnerismo logra que sus “enemigos” estén “Unidos y Organizados”, tanto en el plano interno como en el exterior.
El cristinismo lo había soñado como el éxito político del año: el 7D sería el golpe contra el Grupo Clarín y el 9D una fiesta para celebrar y recuperar la calle a manos del “odio” de las clases medias mezquinas. Sin embargo, todo salió mal. No hubo 7D y la celebración del 9 sonó a hueca, fastuosa, casi menemista, con más presiones de una presidente despechada que en algunos pasajes de su largo discurso, perdió ilación y contundencia. Incluso utilizó argumentos de la derecha más recalcitrante para atacar al Poder Judicial, haciendo alusión a que los jueces dejan en libertad a asesinos y violadores, frase duramente criticada por el CELS integrado, entre otros por Horacio Verbitsky.
No era para menos el enojo, dos “pequeños” camaristas habían extendido la medida cautelar que le da al “enemigo” más tiempo para esquivar la aplicación de la ley. Nadie desaira a la presidente de esa manera sin recibir el rayo fulminante de su ira, esta vez convertida en sendos pedidos de juicio político y en una andanada sin precedentes contra la Corte Suprema de Justicia, acusada retrospectiva y elípticamente de avalar los golpes de Estado desde 1930, estableciendo una polémica y generando – como el 7D – cortinas de humo para no hablar de los asuntos públicos que verdaderamente afectan a todos.
Hubo, además del festejo oficial, que excluyó a todos los partidos políticos y presentó la habitual escenografía de Madres y Abuelas, artistas y dirigentes sociales – junto con unos cuantos millones gastados en parafernalia mediática – otro más austero, menos estridente en el Comité Nacional de la UCR. Allí se reunieron los máximos dirigentes de ese partido, el socialismo, el PRO, parte del peronismo disidente y otros, para reconocer en la diferencia de esa composición, el objetivo común de bregar por un modelo democrático que respete la división de poderes, la vigencia plena de los derechos humanos, el federalismo y la transparencia de gobierno.
“Parece mentira que pidamos por el diálogo cuando es propio de la condición humana, lo que habilita a encontrarnos en las diferencias. Queremos una democracia completa, que hoy no es tal”, dijo el presidente de la UCR Mario Barletta. Y Hermes Binner señaló que “la democracia no es sólo votar cada dos años. A esta democracia hay que seguir cultivándola; por contar con una mayoría circunstancial no pueden hacer lo que quieren, confundiendo todo, gobierno, Estado y partido”.
Esto dos actos revelan dos modelos distintos de democracia. El primero responde a los preceptos populistas abonados por Ernesto Laclau y digeridos a medias por los intelectuales de Carta Abierta – algunos de los cuales ya deben estar sintiendo cierta incomodidad en esa agrupación – y que propicia una institucionalidad generada a partir de un liderazgo fuerte, del tipo despotismo ilustrado, que es “bueno” porque defiende a los más débiles. En ese esquema cualquier balance de poder es visto como un palo en la rueda del hacedor – o hacedora – que encarna una transformación radical de la sociedad que gobierna.
A esta concepción fundamentalista se le contrapone la idea republicana de democracia entendida como diálogo entre distintos para conciliar intereses, dentro de una acción política que tiene un marco institucional por el cuál vela la Justicia. La personalización deja paso a las políticas y a prácticas consensuadas por todos.
Son grandes diferencias las que separan a uno de otro, tanto que llevan a reducir las propias diferencias del arco opositor y a sacudir el descontento popular en marchas que han sido masivas.
En este tercer turno de la democracia de un solo poder, el cristinismo está pagando todas las facturas de Néstor Kirchner: la alianza con Hugo Moyano; la conformación de la actual Corte Suprema; la guerra con el Grupo Clarín; la pelea con los fondos buitre; la maraña de subsidios y otros que la están sumiendo en una encerrona cada vez más difícil de zafar. Para peor, aplica la misma lógica amigo/enemigo que está abroquelando a sus rivales en núcleos sólidos de oposición y sufriendo una sangría de apoyos políticos. En esta crisis, su entorno carece de capacidad de gestión y presenta intrigas palaciegas propias de las autocracias.
Más aún, luego del 7D, de los desaguisados de política exterior y las inconsistentes medidas económicas, es claro que hay funcionarios que en un gobierno normal habrían renunciado. ¿Cómo es posible que esta y otras acciones dependan de la voluntad de una sola persona?
El Estado de Derecho en jaque
La Comisión Nacional de la Independencia Judicial, emitió – un día antes del 7D – un documento crítico hacia el embate que recibe ese poder por parte del Ejecutivo y que se suma a una serie de hechos que agreden institucionalmente a un Poder del Estado, tales como la falta de cobertura de cargos de magistrados, generando que los jueces subrogantes designados no tengan garantías de estabilidad suficiente; recusaciones y denuncias penales utilizadas de modo excesivo o con el solo fin de separar a un juez de una causa; campañas difamatorias contra jueces agraviándolos de manera personal; pedidos de intervención a los poderes judiciales provinciales; e intentos de modificación de algunas legislaciones locales en perjuicio de la estabilidad e independencia de los magistrados.
En este marco es conveniente recordar que existen fallos ordenados por la Corte, por ejemplo el que ordenaba restituir un juez en Santa Cruz, que fue desobedecido, sin que ello haya sido presentado como un “conflicto de poderes”.
El documento exhorta al Poder Ejecutivo Nacional a “cumplir estrictamente con el artículo 109 de la Constitución Nacional y a ejercer sus facultades como poder del estado dentro del marco de las reglas procesales, evitando el uso de mecanismos directos o indirectos de presión sobre los jueces que afecten su independencia.” La exhortación se amplía a remediar los problemas enumerados en los considerandos, y llamativamente se extiende a “titulares de medios de comunicación públicos y privados a ejercer el derecho de crítica sobre la base de opiniones y argumentaciones, evitando el agravio personal o familiar, siendo mesurados y prudentes al imputar faltas éticas o criminales que luego quedan en la nada, pero que lesionan gravemente a las personas y sus familias. Además apela a la ley de medios, “teniendo en cuenta la protección constitucional de la libertad de expresión, la pluralidad de voces que promueve la ley 26.522 y el carácter público de los medios oficiales, al Poder Ejecutivo Nacional, a la Jefatura de Gabinete y al Titular de la AFSCA, que se habiliten espacios en los horarios y noticieros centrales de la televisión pública para que el Poder Judicial pueda expresar opiniones a través de su agencia de noticias, así como la difusión de videos institucionales en programas de difusión pública.
A los pocos días, y luego de que naufragara el épico 7D e incluso que la Corte rechazara el per saltum que solicitara el Ejecutivo, un conjunto de magistrados de los que se destaca la procuradora Gils Carbó, emitieron una solicitada que señala que "los magistrados también deben ser independientes de los intereses económicos de las grandes empresas, de los medios de comunicación concentrados, de los jueces de las instancias superiores e, incluso, deben ser independientes de las organizaciones que nos representan". A esta verdad de Perogrullo – que reafirma la idea antigua y tradicional del juez como autónomo y personalísimo en su juzgado – los firmantes suman que, "los jueces cumplen una función esencial en el sistema democrático y, por tanto, su conducta pública -como la del resto de los funcionarios públicos- debe estar sujeta al escrutinio estricto de la ciudadanía… La recusación de magistrados es el mecanismo procesal establecido en la legislación vigente para asegurar un eficaz servicio de justicia y garantizar la imparcialidad de las decisiones judiciales. Es una herramienta que, además de constituir un derecho de los justiciables, contribuye al fortalecimiento de la transparencia del desempeño profesional de la magistratura". Cierto es que no son los ciudadanos comunes los que realizan las recusaciones que denuncia la Comisión Nacional de la Independencia Judicial como método sistemático de presión.
Nuevamente, la democracia de un solo poder coloca por sobre las instituciones las nociones vagas de control ciudadano y exige a los jueces cierta “sintonía” con la política del gobierno, tal como lo expresaran Juan D. Perón en 1946 y Carlos Menem en 1990 antes de reformar la Corte Suprema.
Tercerizar el ajuste fiscal
El anuncio reciente de la extinción del régimen de promoción industrial, vigente desde la última dictadura en varias provincias del país, está generando revuelo en algunas de ellas que se verán obligadas a replantear sus números. El motivo del gobierno para dar de baja este régimen es reducir el gasto fiscal en aquellos puntos “no esenciales” para la Nación. El monto total que se ahorrará el gobierno con esta medida está estimado en unos 8.000 millones de pesos.
Este ajuste fiscal no será igual en las cuatro provincias a las que se les quitará la promoción sin distinción, sin atender a las particularidades de cada una y al marco general en donde la política energética o el atraso cambiario afecta la rentabilidad de las economías regionales y, por ende, perjudicará aún más la competitividad de las regiones.
Los gremios están alertados por el riesgo que corren los 100 mil puestos de trabajo generados por las 500 empresas sobre las que recaería el ajuste y que distribuyen una masa salarial de unos 4.000 millones de pesos. Esta medida que va en contra del pregonado industrialismo del gobierno, constituye una verdadera tercerización del ajuste hacia las provincias, que no está carente de favoritismos. El más evidente de ellos es el sostenimiento de las exenciones impositivas en Tierra del Fuego, una provincia que a pesar de esas ventajas no ha logrado hacer despegar su industria. Según un informe del Cippec, "el costo del modelo de producción manufacturera en Tierra del Fuego para el erario público no es fácil de estimar debido a la presencia de subsidios cruzados y a que el Ministerio de Economía de la Nación reporta estimaciones del costo fiscal directo en términos de impuestos no percibidos".
"En 2012 se destinarán al régimen fueguino cerca de 5.600 millones de pesos del presupuesto nacional, o casi el 50 por ciento de los esfuerzos de promoción económica para todo el país. La provincia solo explica un 1 por ciento del empleo registrado total y menos del 0,6 por ciento del trabajo industrial formal en la Argentina", detallan en ese centro de estudios.
"Además, la producción de Tierra del Fuego requiere muy bajo contenido nacional y se destina casi totalmente al mercado doméstico. Como consecuencia, este modelo produjo un aumento de las importaciones y del déficit comercial de la isla. Las importaciones y el rojo de la balanza comercial casi se duplicaron en los dos últimos años: el déficit pasó de poco más de 2.000 millones de dólares en 2010 a alrededor de 4.500 millones en 2012. Así, Tierra del Fuego explica este año alrededor del 7 por ciento de las importaciones totales de la Argentina", reza el informe.
A la anunciada caída de la promoción industrial se le suma otro aspecto que perjudica el panorama de inversiones en la Argentina. La ley recientemente aprobada por Diputados que regula el mercado de capitales, que contaba con la venia de casi todos los bloques, fue modificada en forma subrepticia por el diputado oficialista Roberto Feletti, quien introdujo la posibilidad (artículo 20, inc. 1 del proyecto) de facultar a la Comisión Nacional de Valores a separar a los órganos de administración de una sociedad por 180 días si los accionistas minoritarios estiman que se están afectando sus derechos, “hasta regularizar las deficiencias encontradas”. Con esto, el oficialismo vulnera nuevamente el derecho de propiedad de los accionistas mayoritarios y le concede a un órgano administrativo atribuciones exorbitantes, que le permitirán entrometerse en la vida de las empresas del modo más arbitrario. El Senado convalidó este acto de mala fe.
En momentos de estrechez económica estas medidas – aún en las gateras – no aportarán nada bueno en el plano de las inversiones que se necesitan. Es probable que la baja de la promoción industrial quede olvidada como la “sintonía fina” de principios de 2012. También es posible que el “vamos por todo” avance al grito de Banzai, tal como hacían los kamikazes en la Segunda Guerra Mundial.

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Italia: 50 Años de Historia en 8 Minutos

Decir que Ettore Scola es un destacado guionista y director,  representativo del mejor cine italiano, no constituye novedad para aquellos que han disfrutado de obras como Un día Particular, con Marcello Mastroianni y Sofía  Loren, esa historia que transcurre el día de la visita de Hitler a Roma. O aquella otra, en formato documental,  titulada Adiós a Enrico Berlinguer, el histórico líder del PC italiano, del año 1984.

Por eso, cuando un amigo me hizo conocer este trabajo – breve  en tiempo pero de sustancia inmensa-   que resume la historia de Italia entre 1943 y 1997, me pareció que era imperioso compartirlo.

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Lecturas Recomendadas

En este número de Escenarios Alternativos publicamos, a modo de homenaje póstumo, la última entrevista concedida de Carlos Floria.
La habitual Coyuntura Política titulada, ALGO PERSONAL, trata la situación dela re reelección. La fatiga del oficialismo, las tensiones en el peronismo y la emergencia de Daniel Scioli, configurando un escenario cambiante. El divorcio de las clases medias y sectores sindicales con el gobierno, por primera vez en diez años de kirchnerismo. El encono de Hugo Moyano. La judicialización de los conflictos que afronta al gobierno con bonistas que no entraron en el canje y con los medios.
COMPRENDER EL 8N, por Luis Tonelli, analiza las reacciones del gobierno ante la segunda protesta masiva del año, señalando que: al gobierno le está ocurriendo lo peor que podría pasarle después del masivo cacerolazo del 8N: el no entenderlo. Por lo menos, así parece si nos ceñimos a las declaraciones de la Presidenta y sus primeras espadas mediáticas. Para el oficialismo, la protesta fue “minoritaria” y “organizada por los sectores corporativos cuyos intereses han venido siendo afectados por las políticas del Gobierno”.
En la misma línea temática, Alejandro Bonvecchi publica su MEMO A PRESIDENCIA. Problema: cómo responder a la magnitud de la manifestación, sus demandas y sus efectos políticos. Diagnóstico: la manifestación superó las previsiones. Las demandas planteadas pueden observarse desde dos perspectivas. Si se las mira como provenientes de un bloque sociopolítico rival al oficialista, la respuesta adecuada sería enfrentarlas. Si se las considera provenientes de masas políticamente disponibles para ser conducidas por quien las tome en cuenta, cabe analizarlas en detalle.
En el plano de la economía local, José María Fanelli en, LA INFLACIÓN, EL MONETARISMO Y LA “HIPÓTESIS DE GEORGETOWN”, aborda los últimos movimientos en torno a este problema que ha estado ocupando un espacio protagónico en el último mes. Un primer disparador lo constituyó el hecho de que el FMI le fijara un plazo a la Argentina para mejorar la metodología que usa el INDEC. También influyó que varios actores sociales, entre los que se destacaron varios sindicatos oficialistas y no oficialistas, declararan no estar dispuestos a tomar en cuenta la inflación del INDEC a la hora de decidir sus reclamos.
En, RADIOGRAFÍA DE LA INDUSTRIALIZACIÓN EN LA ARGENTINA POSCONVERTIBILIDAD, Eduardo Levy Yeyati y Lucio Castro presentan una serie de cuadros estadísticos simples que contribuyen a comprender tres aspectos esenciales para desmitificar la “reindustrialización” propagandizada por el gobierno.
El especialista en temas de energía, Jorge Lapeña hace en, SÓLO OTRA POLÍTICA ENERGÉTICA EVITARÁ NUEVOS APAGONES, una descripción técnica de lo sucedido el miércoles 7, lo que demuestra que las autoridades estuvieron ausentes ante la crisis desatada por una demanda normal y que se careció de un plan de contingencia.
En la sección internacional, Peter Hakim explica, POR QUÉ GANÓ OBAMA. Un frágil y lento crecimiento económico, cuatro años de desempleo obstinadamente alto, la derrota de los Demócratas en las elecciones para el Congreso hace solamente dos años, y el continuo bloqueo político que ha frustrado la mayoría de las iniciativas de la Casa Blanca. Todas éstas son razones por las que Barack Obama podría no haber sido capaz de obtener un segundo mandato. Pero lo hizo, y con bastante holgura.
En, DESPUÉS DE LA VICTORIA, Dante Caputo hace lo propio, analizando cómo será la nueva política exterior del reelecto Barack Obama. El peso de Washington en el mundo. El futuro de la relación bilateral con la Argentina. El ejemplo de Brasil. Los costos de las oportunidades perdidas.
Reinaldo Escobar se interroga sobre ¿QUÉ FUE EL FIDELISMO? E intenta responder de entre las opciones que propone: ¿Largo performance, acto de prestidigitación, operación de marketing, coacción bajo amenaza, conquista amorosa, estafa o logro irrefutable? Provocante.

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Algo Personal

Si la política se rigiese por las reglas del Juego de la Oca, podría decirse que el proyecto de re reelección de Cristina Fernández de Kirchner retrocedió dos casilleros. Pero conociendo al kirchnerismo –y su desapego a cualquier regla – también podría decirse que son dos pasos atrás para tomar carrera hacia la próxima embestida por el objetivo máximo.
El aire del peronismo está enrarecido por esta calma aparente en la que los distintos signos y gestos se interpretan de muchas maneras. Daniel Scioli, sin encaramarse del todo y repitiendo que sólo será candidato si Ella no puede, se reúne con el gobernador – ex menemista furioso – Luis Beder Herrera, camina junto a los intendentes amigos y tiene acorralado al antes combativo Gabriel Mariotto, quien como dogo fiel ha sido maniatado por su amo para que deje de chucear al gobernador de Buenos Aires..
Scioli confía que en el escenario supuesto de la no re reelección, el traje de sucesor del kirchnerismo le calzará de manera inevitable para todos los jugadores del PJ y de los que ocupan hoy la Casa Rosada. El veterano peronista Julio De Vido no estaría en desacuerdo con esta posibilidad. El problema surge con los kirchneristas no peronistas, aquellos que le insuflan aire a Unidos y Organizados y que quedarían fuera del calor del sol de un eventual gobierno del motonauta. ¿Dejará la presidente que esto ocurra? ¿Dejará “el modelo” en manos de alguien que no lo encarna?
Por su parte, Sergio Massa, el dirigente bonaerense que mejor mide, sigue armando ligas de intendentes que amenazan dar batalla al gobierno y se constituye en un enigma, tanto para Scioli como para el kirchnerismo, salvo que tenga algún acuerdo secreto con algunos de los dos.
En la interna peronista también talla el siempre candidato José Manuel de la Sota, denostado por el gabinete nacional en pleno por haberle hecho a la ministro Deborah Giorgi lo que el kirchnerismo hace en la mayoría de todos los actos provinciales: retar, ningunear y copar los escenarios con militantes de La Cámpora. Sus eternas ambiciones lo llevan a diferenciarse en momentos en que el oficialismo enfrenta dificultades serias, aunque no terminales.
Parte de esas dificultades generaron las manifestaciones masivas del 23 de septiembre y del 8 de noviembre en donde podría decirse – grosso modo – que expresó el malestar de las clases medias, en tanto que el primer paro nacional efectuado el 20 de noviembre, sumaría el descontento de sectores trabajadores. Estos “logros políticos” del cristinismo aumentan el grado de aislamiento del gobierno y, obedeciendo a su naturaleza, endurecen su discurso. Cabe recordar que el aislamiento es una consecuencia inevitable del modo centralizado y personal de llevar las cosas públicas de este gobierno. El aislamiento es resultado lógico del unicato de Cristina Fernández de Kirchner.
En las masivas movilizaciones, el gobierno pretende ver el odio y el ánimo destituyente de una derecha siniestra, acompañada por una clase media boba. En verdad, está intentando que alguien de la derecha se constituya en el líder de una oposición que es muy variada. Sin embargo, esa polarización tan necesaria para la lógica política binaria del kirchnerismo, no cuaja.
Las encuestas indican que ningún referente político capitaliza el descontento, que Hugo Moyano sigue teniendo irremontables índices de rechazo – más del 70 por ciento de imagen negativa – y que además, sus intentos de aliarse con Scioli y Mauricio Macri han sido fallidos. Macri sigue enredado en su laberinto, aunque con el acuerdo alcanzado en la legislatura porteña con el kirchnerismo, se ha hecho cargo del subterráneo, a casi un año de iniciado el traspaso gatillado por la tragedia de Once, la que nueve meses después tiene al ministro De Vido hablando de re reelección y exculpado del caso.
Si la relación con Moyano está rota y es claramente tibia la situación con la CGT oficialista de Antonio Caló y la CTA oficialista de Hugo Yasky, los vínculos con los trabajadores están dañados. Si la presidente aparece fotografiada con Gerardo Martínez, Armando Cavallieri y otros “gordos” en la UIA, la ideología revolucionaria del “modelo” se contradice. Si el encono presidencial con las clases medias, lleva a la jefa de Estado a decir “no me imagino a Kosteki y Santillán viajando a Miami con sus familias”, las clases medias se siguen alejando. Si Unidos y Organizados es la etapa superior del kirchnerismo liderados por “El Cuervo” Larroque, Luis D´Elía, Emilio Pérsico y Milagros Sala, la columna de poder del kirchenrismo es cada vez más delgada.
Entonces, el aroma a fin de ciclo inunda la escena política, más allá de que no asome en el horizonte una figura o un partido que encarne el recambio. Por otra parte, esa emergencia demasiado lejana del 2015 podría alimentar el ánimo pendenciero de un oficialismo acorralado.
Hacerse cargo
Se ha dicho aquí que este será el primer gobierno peronista que deba hacerse cargo de los resultados de sus acciones u omisiones políticas. La inflación, ocultada y “toqueteada” – como sostuvo el presidente José Mujica – obligó a una serie de controles de cambio cada vez más alambicados y engorrosos, a la vez que gatilló el problema del Mínimo no Imponible, las asignaciones familiares y la necesidad de reajustar jubilaciones y la AUH. La irresuelta situación de deuda del país, que incluye ausencia de negociación con el Club de París, alejó la posibilidad de invertir en energía, infraestructura y otros, en momentos en que los dólares sobran en el mundo. La maraña de subsidios que llevaron, entre otros, al agotamiento de la red de transporte público y cebaron la corrupción. La patente de corso que el kirchnerismo le había extendido a su aliado Hugo Moyano para cortar rutas y bloquear empresas, se han convertido en un “apriete” al gobierno. Y los herederos de Kosteki y Santillán que marcharon el 20 N a cortar los accesos a las ciudades del país, revelan que la pobreza sigue siendo un problema grave.
Ante todo esto, la única alternativa es reconocer que hay que efectuar un cambio en aquellas cosas que andan mal y que conducen al colapso, sin que eso implique “volver al neoliberalismo” como sostiene el oficialismo. Por ahora, el gobierno sigue planteando un desafío más propio de una administración legalista que de una arenga revolucionaria, como la que pretende protagonizar: el poder se dirime en las urnas y no en las movilizaciones. Respuesta que está afincada en un 54 por ciento que ya quedó lejos en el tiempo. Es ilusorio pensar que tanto descontento no se traduzca en votos en el 2013 y en el 2015.
Las Cortes
Tanto en la disputa por la ley de medios, como en el litigio por el embargo de la Fragata Libertad y con los holdouts, el gobierno recurrirá a las instancias superiores de la justicia nacional e internacional. En el primer caso, el juez de distrito Thomas Griesa ordenó que en lugar de que pagar directamente a los demandantes, la Argentina debe depositar el dinero en una cuenta de garantía para el 15 de diciembre, rechazando así la solicitud de nuestro país de mantener su orden previa para frenar pagos a inversores que no participaron en los canjes de bonos de deuda soberana impaga.
Griesa, fue más allá en su fallo y señaló que ante declaraciones de funcionarios argentinos de alto rango diciendo que el país no pagaría a los llamados fondos buitre, considera: “que estas amenazas de desafío no pueden pasarse por alto, y que se requiere una acción". En Buenos Aires, se piensa en recurrir a la Suprema Corte de ese país para resolver la cuestión, aunque los tiempos apremian.
En el caso del llamado 7D, el gobierno sigue con la estrategia de resolver en la Corte este dilatado conflicto. El Grupo Clarín, también acudió a la Corte para alegar "indefensión y privación de justicia". En un escrito, solicitó al máximo tribunal que disponga la extensión de la medida cautelar que tiene vigencia hasta el 7 de diciembre ante la falta de un tribunal que se expida a tiempo, antes de esa fecha, aduciendo las renuncias y remociones de jueces que debían abocarse al fallo. La presentación se basa en el fallo de la Corte del 22 de mayo de este año que dispuso la fecha del 7 de diciembre como tope de la cautelar, señalando: "lo aquí decidido en cuanto al plazo de vigencia de la medida cautelar podrá ser revisado, en caso de que se verificasen conductas procesales orientadas a obstaculizar el normal avance del pleito".
En esa marcha hacia la fecha que el gobierno considera crucial y en la que ha gastado ingentes recursos públicos para propagandizar su postura, según algunas encuestas, el 61 por ciento de la población cree que la libertad de expresión no está en juego y el 32 por ciento considera que ese día no ocurrirá nada. Es claro que el kirchnerismo tiene demasiadas energías puestas en asuntos personales, los problemas serios de todos, siguen ahí.

 

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Lectura Muy Recomendada. Escribe Juan Carlos Torre

The Only Game In Town: Peronismo para Todos

 

A lo largo de los 30 años de la restauración democrática hemos asistido a un fenómeno político de gran relevancia, el fin de la ley de hierro de la competencia electoral en  Argentina según la cual en elecciones libres el ganador natural del premio mayor, la presidencia,  debía ser el  peronismo. En 1983 primero y, después en 1999, a la hora de contar los votos el peronismo debió admitir su derrota. Estos dos episodios mostraron que el polo político no peronista podía imponerse en las urnas y acceder al gobierno. Esta fue una constatación auspiciosa para la salud de la restauración democrática.  Ahora bien, si extendemos la mirada constatamos también otro fenómeno político: los presidentes  electos por obra de la derrota del peronismo no lograron concluir sus  mandatos. Para decirlo de otro modo: el polo no peronista pudo reunir los votos necesarios para acceder a la presidencia  pero no pudo reunir la capacidad de gobierno necesaria para mantenerse en ella y eventualmente para  aspirar a un nuevo mandato.

A fin de colocar en perspectiva las vicisitudes del polo no peronista quiero evocar, siguiendo una referencia hecha por Javier Zelasnik, el patrón de funcionamiento  que  caracteriza al sistema político de  Suecia. Allí  tenemos que un partido -la socialdemocracia- gana y gobierna   durante varios períodos consecutivos gracias a la fragmentación de la oposición hasta que arriba a una contienda electoral en la que es derrotado por una coalición de partidos rivales; ocurre, sin embargo, que  esta coalición sólo consigue gobernar un período, al cabo del cual   el partido predominante   revalida sus credenciales y retoma el poder. En esta dinámica política la coalición opositora sólo está en condiciones de ofrecer un gobierno de transición entre uno y otro ciclo del partido predominante en el poder. Esto es, no logra ofrecer un gobierno de alternativa capaz de establecer una nueva trayectoria o,  para decirlo con la fórmula que ya utilizamos, consigue  llegar al gobierno pero no consigue ser  re-electa y de este modo quebrar la duradera vigencia del partido predominante.

Esta clave de lectura captura a mi juicio bastante bien los avatares de la vida política argentina. Las victorias electorales del polo no peronista se han parecido mucho, como ha señalado Andrés Malamud, a  los años sabáticos que se toma de tanto en tanto el polo peronista para reordenar su tropa y re emerger  cohesionado bajo la conducción de nuevos liderazgos y con nuevas ofertas políticas en sintonía con los nuevos tiempos.

A partir de estas premisas quisiera ahora  abordar la coyuntura política más reciente. El punto de partida lo brinda el resultado de las elecciones presidenciales de 2011. Ese resultado fue portador de una importante información. Me  refiero  a los 37 puntos de diferencia que distanciaron la victoria de la presidente Cristina  de la candidatura más votada entre las agrupaciones del polo no peronista. Esa formidable brecha puso de manifiesto el rasgo distintivo del panorama político actual, más concretamente, la pérdida de competitividad del sistema de partidos. Esta pérdida de competividad, ha destacado Ana Maria Mustapic, tiene un gran impacto sobre el ejercicio del poder gubernamental. Un sistema de partidos competitivo presupone la expectativa de una alternancia en el timón del gobierno, y esa expectativa tiende a operar como un factor de moderación entre los ocupantes del poder. Hoy en día esos 37 puntos de diferencia a que aludimos hablan bien a las claras de que no hay rivales a la vista, es decir, no hay una oposición en condiciones de desafiar el  actual predominio del polo peronista sobre el mercado político-electoral. Por lo tanto, no existen o son muy débiles las barreras de contención política a la gestión del poder  por el partido gobernante.

Circunstancias como éstas contribuyen a  recrear un fenómeno conocido en la historia política del país: el peronismo en el gobierno  tiende a comportarse como un sistema político en sí mismo, vale decir, a actuar simultáneamente como el oficialismo y la principal oposición. Dos son los factores que suelen promover esta dialéctica política. El primero de ellos es la amplitud y por lo tanto la diversidad de los apoyos que reúne como coalición de gobierno. La gravitación de este factor fue ostensible durante la administración del presidente Menem. Una vez en el gobierno Menem  supo hacer un viraje hacia el mundo de los negocios y las políticas de mercado sin perder por ello el respaldo de  las bases tradicionales del peronismo. El costo de ese virtuosismo político es conocido: las principales tribulaciones por las que pasaron sus iniciativas le fueron ocasionadas por sus partidarios en el Congreso, en las provincias, en el sindicalismo, que se comportaron efectivamente como la principal oposición. En términos comparativos, la incidencia de este primer factor ha sido claramente menos importante durante la gestión del matrimonio Kirchner.  Su coalición de gobierno no ha sido tan amplia como la que montó Menem; en consecuencia, no se caracteriza por tanta heterogeneidad de intereses ni tanto contraste de visiones. Además, el giro anti-noventista emprendido a partir de 2003 ha estado más sintonizado con intereses y visiones típicamente peronistas, como  el estatismo, el proteccionismo, la beneficencia social. De allí  que las políticas públicas no hayan sido, como en los años de Menem, un terreno de conflictos.

El segundo factor que activa el contrapunto oficialismo/ oposición cuando el polo peronista gobierna  en su condición de partido predominante es la falta de reglas consensuadas para dirimir los problemas de sucesión en el liderazgo y por ende en el control del poder. La repercusión de esta ausencia  fue visible en el trámite traumático del conflicto que opuso las aspiraciones rivales del presidente Menem y de Eduardo Duhalde, que se postulaba como su sucesor. Conocemos el desenlace: Duhalde frustró las ambiciones re-eleccionistas de Menem pero no pudo evitar que él también terminara siendo arrastrado por las secuelas de la disputa. Al final de cuentas  el polo peronista experimentó en las urnas una derrota auto-infligida por la división de sus partidarios.  ¿Qué decir de los años kirchneristas cuando los observamos desde esta perspectiva ? Que  esta fuente de la dialéctica oficialismo/oposición está de nuevo productiva, como lo están mostrando las reacciones encontradas que suscita en las filas del peronismo  la pretensión apenas encubierta de Cristina Kirchner de extender su mandato presidencial.

Si bien es tributario de su débil institucionalización como organización partidaria, el conflicto en ciernes que conmueve al polo peronista tiene en las presentes circunstancias  un perfil novedoso porque se está procesando sobre el telón de fondo de un proyecto ambicioso, la construcción de un pos-peronismo. En el 2005 Nestor Kirchner declaró que a su juicio el ciclo histórico del peronismo tal como lo conocíamos estaba agotado. Ese veredicto  recogía su inspiración del cuestionamiento de la izquierda peronista de corte setentista a “las formas tradicionales de hacer política” encarnadas en los jefes territoriales del partido y en los cuadros de la burocracia sindical. La cruzada regeneracionista de Kirchner, que alumbró la operación de la transversalidad y suscitó grandes expectativas entre los sobrevivientes de la experiencia del Frepaso, tropezó con un costo  de oportunidad: no se puede gobernar y transformar al mismo tiempo la herramienta principal de gobierno como es el partido gobernante. De allí que a poco de andar fuera sustituida por una salida pragmática: la tregua con los apoyos partidarios alojados en los gobiernos de provincia, en la legislatura, en los aparatos sindicales.

Luego de la rotunda victoria  del 2011 el proyecto original  ha retornado con fuerza como lo muestra la búsqueda por parte de la presidente de respaldos  menos dependientes de la estigmatizada máquina política del “pejotismo”. Rodeada de movimientos piqueteros afines, de los jóvenes de la Cámpora, del séquito de la izquierda peronista, Cristina está apretando el paso tras  la continuidad de su gestión. En su  marcha está haciendo surgir a la luz grietas crecientes dentro del polo peronista. Para las jerarquías tradicionales del movimiento la re elección de la presidente o,  en su defecto, el encumbramiento de quienes la acompañan sólo promete cuatro años más de asedio a sus bastiones territoriales y con ellos la perspectiva aciaga de ser marginados de la vida política. Este es el escenario en que se está reponiendo la dialéctica oficialismo/ oposición dentro del movimiento creado por Perón recubierta ahora por los pliegues de la pugna entre peronismo y pos-peronismo. Un observador externo a esa pugna es posible que encuentre difícil explicar la aspereza de unos  enfrentamientos que se despliegan sin freno por la ausencia de una oposición competitiva. Quienes están involucrados en ellos no padecen esa miopía, tan propia del sentido común no peronista, porque saben que disputan  por un trofeo mayor: la hegemonía sobre el principal partido nacional del país y, en ese carácter, un recurso estratégico para diseñar el derrotero del futuro político de la Argentina.

Publicado en Foco Económico