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El Juicio a los Comandantes

juicio_comandantes A 25 años del Juicio a los ex Comandantes – verdadero hito  y punto de inflexión en la trayectoria social de la Argentina- el diario La Nación trae, en su edición de ayer, una producción especial verdaderamente interesante.

Sobre la decisión del Presidente Alfonsín – a pocas horas de asumir- de dictar el decreto por el cual se ordenaba enjuiciar a los máximos responsables del horror se ha escrito mucho, aquí y en el mundo.

Ahora bien, hay un aspecto poco valorado en los análisis – aunque Carlos S. Nino  ya  lo había desarrollado  en su libro Un País al Margen de la Ley-   como  es la contribución del Juicio a evitar la justicia por mano propia.

En un libro – verdadera obra monumental llamada Posguerra: Una Historia de Europa desde 1945- del recientemente fallecido autor británico Tony Judt se estima que en Francia, en un breve aunque sangriento ajuste de cuentas, alrededor de 10000  personas fueron ejecutadas mediante procedimientos extrajudiciales y en Italia las represalias y los castigos extraoficiales alcanzaron una cifra de aproximadamente 15000 muertes durante los últimos meses de la guerra y continuaron, de forma esporádica, durante al menos tres años más.

Así puede decirse que el Juicio no sólo terminó con la impunidad en la Argentina y aseguró la irrepetibilidad de los hechos, sino que también por aplicación del principio de legalidad evitó que la falta de justicia justificara las acciones individuales.

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Desigualdad y Democracia

La región de América Latina  no sólo es la más desigual del planeta sino que, además, el país menos desigual lo es en mayor medida que cualquier otro de los países del mundo desarrollado. Esa desigualdad social es en América  Latina, y también en nuestro país,  un riesgo para la estabilidad democrática y la convivencia pacífica.

El análisis de los datos  de la Argentina, a pesar de las manipulaciones oficiales, permite comprobar que de las personas cuyos ingresos familiares no superan la línea de pobreza, el 40% son niños menores de 15 años y que el gran Buenos Aires concentra el 46% de las personas pobres del país.

Esta  dramática realidad , que desafía la conciencia  social, se manifiesta  a pesar de la recuperación económica y de los casi 10 puntos del PBI que aumentó el gasto público en los últimos ocho años lo que evidencia, al menos, un muy discutible orden de prioridades en la gestión del matrimonio gobernante.

De allí que resulta imperioso que en la inminente discusíón presupuestaria, el Congreso propicie normas que, alejadas de todo facilismo económico, atiendan el problema de la desigualdad.

Para ello, resulta indispensable consagrar por Ley la Asignación Universal por Hijo  que recién a fines del año pasado implementó el Gobierno, de manera parcial,  como resultado de la presión política, el reclamo social  y la recomendación académica. Esta Asignación debiera ser más abarcativa y transparente – evitando errores de exclusión y minimizando el clientelismo- y, además, prever un mecanismo de actualización ya que la decidida en Diciembre lleva perdido hasta ahora un cuarto de su capacidad de compra por efecto del crecimiento de los precios de los alimentos.

Si recorremos este camino es posible que la Argentina empiece a dejar de  ser “ el fracaso distributivo experimentado como pocos países del mundo” como lo señalo Leonardo Gasparini  Director del  CEDLAS, Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales, un centro de excelencia de la Universidad de La Plata , que cuando lo visitamos a principios de Julio nos informó que funcionando eficaz y plenamente la Asignación Universal puede llevar la situación de desigualdad de nuestro país a los niveles de mediados de la década del ochenta. Parece poco, pero dejar atrás las consecuencias, en términos de la estructura social, de la convertibilidad y los populismos -de los noventa y actuales- constituiría un avance extraordinario.

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Cuba: Nueva Etapa?

fidel-raul-castro La liberación de presos  disidentes en Cuba abrió un debate en varios países sobre la posición a adoptar, en la presente etapa, frente al Régimen que gobierna la isla desde 1959. En Europa, por caso, se discute si debe revisarse la política que, en su momento, definió la Unión Europea, así como en los Estados Unidos  recobra actualidad  el debate sobre el bloqueo y las relaciones de los residentes cubanos con su país.

Llama la atención, francamente, que esa reflexión no esté presente en el debate político argentino y se dé, escasamente, en el plano periodístico.

Estoy seguro que una parte de la explicación reside, además de la baja propensión al intercambio razonado de puntos de vista,  en que  sectores políticos democráticos y progresistas se sienten inhibidos de afrontar ese debate por la carga simbólica que la Revolución Cubana tiene en la historia de América Latina.

Un contraejemplo de esos prejuicios es el reciente y por demás interesante libro de Claudia Hilb,  donde la autora reflexiona sobre la “renuencia de la izquierda democrática a pronunciarse claramente respecto de la naturaleza opresiva del régimen político de la Revolución cubana”.

En ese libro, cuya lectura recomiendo  vivamente, la autora indaga sobre las “ las razones por las que entiendo que la represión, la ausencia de libertades civiles y públicas o la prohibición de abandonar el país vigentes en Cuba  no son epifenómenos de un régimen que, por motivos incomprensibles para las conciencias democráticas, infringe de forma irritante ciertos derechos humanos, sino que conforman elementos coherentes con su naturaleza – con la naturaleza de un régimen del que no podemos decir que viola derechos humanos sino que, en su forma misma, no reconoce la existencia de esos derechos tal como son sostenidos en el horizonte de nuestras sociedades liberal-democráticas modernas-”.

Del mismo modo creo que los informes de los organismos de prestigio reconocido en la promoción de los derechos humanos, como Human Rights Watch y Amnesty International ,  que se ocupan periódicamente del análisis de la situación humanitaria en la  isla debieran ser un insumo relevante para esa discusión pendiente.

La lectura del libro de Hilb, cuyo sugerente título es   “Silencio, Cuba : La izquierda democrática frente al régimen de la Revolución Cubana” de la Editorial Edhasa,   me hizo recordar una frase que alguna vez le escuché a Felipe González cuando dijo: Dictadura? ni del proletariado.

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Chavez y la Democracia

En el mes de Abril, cuando se reunió en Buenos Aires el Comité Latinoamericano de la Internacional Socialista, publiqué un comentario que incluía el Informe que había preparado para el Comité Nacional sobre la Misión a Venezuela  que integré en el mes de Enero.

Hoy en la Reunión del Consejo Mundial de la IS se aprobó, sin observaciones, el Informe Final de la Misión a Venezuela de la IS que visitó Caracas a principios de año.
Tal vez el párrafo que mejor sintetiza el documento es el que dice que el Régimen de Chavez se distingue por la utilización de ” instrumentos de un mecanismo autoritario de nuevo tipo, de una democradura ( gobierno de origen democrático con un ejercicio real autoritario) moderna, que fueron descritos de manera recurrente y convergente a los largo de las reuniones y entrevistas llevadas a cabo por los miembros de la Misión. Expresiones tales como: “rutina autoritaria”, “criminalización de la contestación”, “constitucionalismo revolucionario”, “inseguridad e impunidad”, ” terror y corrupción”, reaparecen frecuentemente en las exposiciones”.

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La Ciudadanía

Una iniciativa conjunta de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) concretó un trabajo que acaba de ser publicado: se trata de La Democracia de Ciudadanía: Una Agenda para la Construcción de Ciudadanía en América Latina. El  Documento , que sintetiza el trabajo de la iniciativa conjunta OEA-PNUD, se plantea contribuir  a la formulación de políticas públicas orientadas a disminuir los déficits de ciudadanía que afectan a las democracias latinoamericanas.

El documento, en el cual colaboré en los temas referidos al papel de los Congresos en la etapa de la pos transición democrática, trae una  definición de democracia muy operativa: “ es una forma de organización de la sociedad con el objetivo de ampliar la ciudadanía, evitar o limitar la dominación de individuos o grupos que impidan este objetivo y lograr la perdurabilidad de la organización democrática”

El texto tambíén alerta sobre el peligro de sucumbir ante la demagogia y el facilismo económico. Dice: “ esto es riesgoso, no sólo para la estabilidad económica sino tambíén para la democracia, quizás tanto como no alcanzar los mínimos indispensables para una organización democrática de la sociedad. Lo políticamente popular puede ser social y económicamente insostenible, generar expectativas irrealizables y materializarse en mayores retrocesos y frustraciones para la ciudadanía. El facilismo económico se vuelve así enemigo de los intereses mayoritarios”.