Estuve en el programa de entrevistas de Luis Novaresio en A24. Conversamos durante casi una hora sobre el radicalismo, la democracia, la Constitución, las lecciones que dejaron estos cuarenta años de vida democrática y también sobre algunas experiencias personales.
Quisiera compartir aquí algunas de las ideas centrales de esa conversación.
Hablamos sobre el presente y el futuro del radicalismo.
Estoy convencido de que el radicalismo tiene futuro porque expresa valores que siguen teniendo demanda social. Creemos en la libertad, pero también en la igualdad. Creemos que la conducta personal de los gobernantes importa. Creemos que la Argentina necesita instituciones sólidas, previsibilidad, reglas estables y una visión estratégica.
También hablamos de la crisis del sistema de partidos, una crisis que, a mi juicio, ayuda a explicar buena parte de los problemas que atraviesa la Argentina.
Un régimen político capaz de producir resultados sostenibles necesita tres pilares: democracia, liberalismo y república. Pero también necesita partidos políticos fuertes, capaces de construir acuerdos duraderos.
Cuando uno observa América Latina encuentra ejemplos que vale la pena estudiar. Uruguay, Chile y Costa Rica consolidaron sistemas políticos estables, partidos fuertes, una cultura del acuerdo y un profundo respeto por las instituciones.
Los resultados están a la vista. Redujeron significativamente la pobreza, crecieron durante largos períodos, enfrentaron mejor la pandemia y presentan menores niveles de corrupción.
Por eso insisto en que la calidad del sistema político no es una cuestión abstracta ni un debate reservado a especialistas. Tiene consecuencias concretas sobre la economía, el desarrollo y las oportunidades de progreso de una sociedad.
