Krispación versus Armonía Social

Cristina-Kirchner-Muralla-China Un indicador relevante  de la falta de confianza en la evolución del desempeño económico de la Argentina es la fuga de divisas que, en los últimos años, ha superado los cuantiosos volúmenes de  la inversión directa recibida por Brasil, el mayor receptor de toda América Latina.

En el mundo empresario,  la situación es comprensible por la  la ausencia de “ un clima de negocios favorable”.

Desde una mirada más amplia, la fuga de divisas se explica, entre otras cosas,  por el desequilibrio entre los poderes republicanos;  por la discrecionalidad que se impone frente  a las normas y por la falta de reglas de juego estables y  previsibles. En suma, por la debilidad institucional de la Argentina que, por otro lado,   permite entender los modestos resultados sociales a pesar de la excepcional situación internacional.

El oficialismo justifica el manoseo institucional en la  batalla diaria que está obligado a  librar. Esa “épica  oficialista” propicia, a su vez,  la consolidación de la conducta anómica de los ciudadanos y el crecimiento de la crispación social.

Por eso me llamó tanto la atención saber que, para los chinos, la armonía es condición para la estabilidad política y el crecimiento económico. En efecto, en el año 2006 una Resolución del Sexto Plenario del decimosexto Comité Central del Partido Comunista Chino afirmó que “ la armonía social es la naturaleza intrínseca del socialismo chino y es una garantía importante para la prosperidad del país, el rejuvenecimiento de la nación y la felicidad del pueblo”.

Si esa convicción es sostenida por un régimen político de partido único, cuánto más relevante es esa noción para una sociedad que se pretende plural, diversa, abierta y democrática.

El Día que Kirchner Descubrió los Derechos Humanos: la Revelación de José Pablo Feinmann

Aprecio mucho la obra de José Pablo Feinmann y lo leo desde antes que sus textos se publiciten en las carteleras de la ciudad. Me impacta la diversidad de su trabajo: guionista y periodista, ensayista y docente universitario. De su producción literaria recuerdo haber leído Ni el Tiro del Final, La Astucia de la Razón y El Mandato.

Aunque no frecuenté sus textos sobre filosofía, sí recorrí sus ensayos políticos como Peronismo, Filosofía de una Persistencia Argentina. En este trabajo, dedicado a reivindicar  el peronismo, las ácidas críticas al propio Perón  vienen acompañadas de algunas consideraciones muy osadas, como cuando califica de “tristemente patético” el Discurso de Parque Norte del Presidente Alfonsín en Diciembre de 1985, o llega a la arbitrariedad de imputar  a la Juventud Radical de “complicidad”   en arrojar, en las décadas de los sesenta y setenta, a  la juventud a la violencia política . .

En El Flaco, Diálogos Irreverentes con Néstor Kirchner, su última entrega, Feinmann lo califica como  el “Presidente más brillante, más lúcido, más veloz y de mejor formación política que tuvo este país” y a su señora como “una mujer de excepcional formación política, inteligente y, para colmo y desdicha de muchos miserables que quisieran verla tan horrible como una bruja “montonera”, es bonita y femenina”.

Está bien, es un juicio y es su opinión que merece todo el respeto pero, punto y seguido, afirma que existe “frente a ella, una galería de tontos y de impresentables” . Es posible que yo mismo, y tantos otros, reunamos – a su parecer- uno o ambos atributos. Lo que resulta inaceptable, y también imperdonable, es que remate la oración con una sentencia: “Todos fascistas”. Eso sí que no Feinmann. Eso no!!!.

En ese texto, tal vez inadvertidamente,  Feinmann revela algo que todos sabíamos pero que nunca fue reconocido: el desinterés histórico de Kirchner por la causa de los derechos humanos. Es sabido que Kirchner nunca firmó, en su condición de abogado, un habeas corpus, ni formó parte de ningún organismo. Tampoco se conocen declaraciones suyas referidas al Informe de la CONADEP y los Juicios a los Comandantes y, menos aún, críticas a los indultos de Menem.

Entonces, cual es el origen de su repentina motivación?. La respuesta está en uno de sus “diálogos irreverentes” con Kirchner que trae el libro, precisamente en el Capítulo VI, titulado Cuestiones Teóricas: el Poder, ¿una construcción de la política?. Allí, luego de una reflexión del autor sobre el tema del poder que podría resumirse, en clave gramsciana, si éste se conquista o se construye, Kirchner le dice:  “nuestro punto de partida tiene que ser los derechos humanos. ¡Ni hablamos de los derechos humanos!”.

Así, el libro de Feinmann nos permite saber que  Kirchner descubríó  por especulaciones de poder y cálculo de correlaciones de fuerza , y no por convicciones o imperativos éticos, la importancia de la vigencia de los derechos humanos en una sociedad democrática en una imprecisada noche, seguramente fría, de Julio o Agosto del año 2003.

2011:El Año Decisivo

carpena jr En el suplemento Enfoques del Diario La Nación de hoy se publica una entrevista – extensa y sin concesiones– que me realizó Ricardo Carpena. El temario incluye preguntas sobre la estrategia electoral y el posicionamiento de la UCR en un verdadero año decisivo como es el 2011.

El reportaje, que incluye un video de tres minutos, expresa muy apropiadamente mis puntos de vista sobre el momento político y, también, los desafíos que afronta el Radicalismo para construir una alternativa socialdemócrata moderna frente a la variante populista de principios de siglo XXI.

La Muerte de Kirchner: Incógnitas e Incertidumbres

El fallecimiento del Presidente Kirchner, figura decisiva en el panorama político de esta década, abre incógnitas sobre el futuro argentino.

En primer lugar, sobre el devenir del Gobierno de su esposa, tributario del dispositivo de poder cuya jefatura política ejercía.

También sobre el partido gobernante, cuya titularidad ejercía, que deberá desairar su historia y demostrar que tiene aptitudes para procesar pacífica y ordenadamente su sucesión.

En rigor, es el conjunto del sistema político el que debe ofrecer, dando cuenta del clima de alta crispación social y baja densidad institucional que ofrece la realidad, claras y contundentes decisiones que confirmen que los indicios evidentes de final de ciclo se conviertan, de manera efectiva, en cimientos de un cambio de época.

Ello es así porque la democracia, en tanto construcción histórica que supone un poder legítimo y la subordinación de los apetitos sectoriales al interés público, exige a la política un desafío de envergadura: cumplir con la misión fundamental que la ha distinguido en el mundo moderno, esto es el de entregar certezas de conductas para la vida social.

En este contexto de incógnitas, es el Gobierno el que tiene la responsabilidad primaria de proveer de certidumbre a la sociedad argentina.

FHC y Lula versus Menem y Kirchner

lula en la bolsa de san pablo En la última década, mientras en la Argentina caían las reservas comprobadas de petróleo y gas y, también, la producción de petróleo, en Brasil las tasas de crecimiento para los mismos conceptos eran de más del 50 %.

Una explicación válida para ese recorrido tan distinto es que la Argentina privatizó YPF, desde una perspectiva estratégica tal vez la peor decisión de Menem que lo hizo acompañado – bueno es recordarlo- por su Partido, sus legisladores, la dirigencia gremial y sus gobernadores, Kirchner incluido .

Hoy, con la capitalización récord de 67 mil  millones de dólares, Petrobras se convierte en la segunda empresa, por su valor de mercado, de América.

Ese desempeño de Petrobras fue posible, entre otras cosas, porque la Constitución reformada en 1994 abrió las puertas a una política energética, compartida por los Gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y Lula, caracterizada por la existencia de una empresa estatal, pero abierta a los accionistas privados.  Como se ve, el capitalismo competitivo puede producir resultados positivos mientras que el capitalismo de amigos, siempre, asegura resultados desfavorables para el interés nacional. De allí que resulte necesario la definición de una estrategia energética de largo plazo, técnicamente eficiente y, además, políticamente viable