La Ciudadanía

Una iniciativa conjunta de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) concretó un trabajo que acaba de ser publicado: se trata de La Democracia de Ciudadanía: Una Agenda para la Construcción de Ciudadanía en América Latina. El  Documento , que sintetiza el trabajo de la iniciativa conjunta OEA-PNUD, se plantea contribuir  a la formulación de políticas públicas orientadas a disminuir los déficits de ciudadanía que afectan a las democracias latinoamericanas.

El documento, en el cual colaboré en los temas referidos al papel de los Congresos en la etapa de la pos transición democrática, trae una  definición de democracia muy operativa: “ es una forma de organización de la sociedad con el objetivo de ampliar la ciudadanía, evitar o limitar la dominación de individuos o grupos que impidan este objetivo y lograr la perdurabilidad de la organización democrática”

El texto tambíén alerta sobre el peligro de sucumbir ante la demagogia y el facilismo económico. Dice: “ esto es riesgoso, no sólo para la estabilidad económica sino tambíén para la democracia, quizás tanto como no alcanzar los mínimos indispensables para una organización democrática de la sociedad. Lo políticamente popular puede ser social y económicamente insostenible, generar expectativas irrealizables y materializarse en mayores retrocesos y frustraciones para la ciudadanía. El facilismo económico se vuelve así enemigo de los intereses mayoritarios”.

En Argentina doscientos años no es poco tiempo

En los inicios de la década de los noventa, cuando la prensa del mundo analizaba las consecuencias de la implosión de la Unión Soviética,  leí la misma cita  atribuída a dos personas distintas: a Francois Furet, el académico francés experto en la Revolución de 1789, y al líder chino Den Xiaoping, el arquitecto del inicio de las reformas económicas en su país.

El concepto, que cito de memoria, decía  que “ doscientos años son insuficientes para analizar el impacto de la Revolución Francesa  en el desarrollo histórico”. 

Es probable que esa noción sea válida desde la perspectiva de un historiador francés y un dirigente político chino, pero no parece apropiada para el análisis del significado de la Revolución de Mayo en la Argentina y justifica el despliegue que, entre otros, Clarín, La Nación y Página 12 le dedicaron.

De lo que pude leer, uno de los trabajos que más  me atrajo fue el artículo que Daniel Larriqueta publicó  el pasado miércoles 5    donde afirma que Buenos Aires  “nutrida por la liberalidad, el cosmopolitismo, la riqueza y el sentido innovador” produjo una revolución diferente y que “ de ella deriva el formidable vigor de la Argentina, que se puso al frente de la vanguardia continental, abrió el cauce a nuestros abuelos inmigrantes, ofreció una gran tarea de educación e inclusión y formó una conciencia profunda que cuajó en que aún mucho después, en 1983, fuera también la Argentina la que encabezara en la región la reconstrucción de la democracia”