Subtes: Lo que Kirchner y Macri no quieren ver

Cristina-y-Macri La Presidenta Kirchner y el Jefe de Gobierno Macri no terminan de entender que la política tiene tiempos. En épocas electorales es válida y necesaria la diferenciación, y aún la disputa, entre propuestas ofrecidas por los diferentes partidos pero, cuando se ejerce el gobierno, especialmente en sistemas federales, se impone la cooperación si se piensa en el bienestar de los ciudadanos.

En el caso del traspaso del servicio de subterráneos de la Nación a la ciudad de Buenos Aires, como hace dos años en el conflicto del Parque Indoamericano, lo que se revela es la incapacidad de ambas administraciones para encontrar soluciones que se centren en las necesidades de los usuarios del transporte.

El Gobierno de Kirchner decidió el traspaso no por una convicción virtuosa sino por requerimientos fiscales, necesita aliviar el gasto público al igual que en el Proceso cuando se transfirieron a las Provincias sin los recursos necesarios los servicios de educación y salud; y el de Macri no puede desdecirse de su aceptación porque el aumento unilateral de tarifas instrumentado no puede ignorar la doctrina de los actos propios que no admite alegar ingenuidades y torpezas.

Este verdadero fracaso institucional, que convierte a millones de usuarios  en víctimas, requiere de una salida dentro del marco de la Constitución que, sabiamente, en 1994 consagró un federalismo de concertación.

Por eso, en el debate legislativo  el Bloque del Radicalismo sostuvo, entre otros por el Senador Ernesto Sanz, que el camino apropiado en el tema requería de una solución  sustentada en tres pilares:

a) Como manda la Constitución transferencia integral  de competencias a la Ciudad Autónoma, no solo la del transporte sino también las de la seguridad, el puerto, el juego y la justicia.

b) Transferencias con los recursos necesarios, como lo lo establece el Artículo 75 de la Constitución, cuya lectura no admite dos interpretaciones.

c) En el caso específico del transporte, la solución inteligente requiere de la aplicación de la Ley 25031 del año 1998 que prescribe la creación del ECOTAM, el ente del Transporte en el Área Metropolitana.

Hay, además, un argumento adicional al constitucional para exigir recursos federales para la prestación de servicios de subterráneo en la Ciudad de Buenos Aires que, insólitamente, no estuvo presente en el debate..

Los centros urbanos son fundamentales como motores del crecimiento económico, ya que es donde se concentra la generación de riqueza en el mundo. Actualmente, el 60% del PBI mundial se genera en las 600 ciudades más grandes del mundo.

Así, la creciente dimensión de las mega ciudades realza la relevancia de contar contar con un sistema de transporte urbano que permita la movilidad de las personas ya que la accesibilidad que se provea es un factor clave para la calidad de vida. Por otro lado, la equidad social en las ciudades es un determinante crucial de su competitividad. En consecuencia, los beneficios que brindan los sistemas de transporte en las ciudades inciden no sólo en ellas, sino en todo el país. Este concepto es fundamental al momento de definir el financiamiento de sus sistemas de transporte, ya que para poder tener un país competitivo se requiere contar con ciudades competitivas, y esto resulta imposible de lograr sin un transporte urbano eficaz y de calidad.

Esta calidad del sistema de transporte se mide a través de distintos elementos, como el tiempo y costo del viaje; impactos ambientales como emisión de gases de efecto invernadero y contaminación del aire, ruido y accidentes. También la dimensión social de los proyectos de transporte es muy importante, ya que se debe promover la inclusión social de los sectores más necesitados.

Para la financiación de estos sistemas, en el mundo, se utilizan distintas fuentes como los proveedores, entidades financieras públicas o privadas y organismos multilaterales y, por su parte, el repago del financiamiento proviene de los beneficiarios mas directos (usuarios del servicio, otros usuarios del transporte, empleadores, vecinos, etc..), de la ciudad o la Región metropolitana y, también, de los contribuyentes de todo el país. Éstos últimos a través de aportes presupuestarios y fondos específicos, que generalmente cubren los costos de capital y, ocasionalmente, los gastos de operación y mantenimiento.

La experiencia internacional muestra que, en general, el repago de la inversión de construcción la realizan los gobiernos locales y nacionales en forma conjunta. A continuación se explicitan algunos ejemplos con los que se intenta ilustrar lo señalado:

En China y Vietnam las autoridades locales se encargan de la gestión de la circulación y de la organización de los transportes públicos pero el Estado Central es quien arbitra los proyectos de inversión de las ciudades de esos países. Los municipios, por su parte, financian el déficit operativo de las compañías.

En Brasil, el Ministerio de las Ciudades financia el transporte urbano a través de distintos programas como el Programa de la Movilidad Urbana, el Pro – Transporte, el Programa de financiamiento de Infraestructuras para la Movilidad Urbana y los Programas de Aceleración del Crecimiento (PAC). En la ciudad de Curitiba, el futuro Metro será construido por el Estado Central, vía la Compañía Brasileña de Trenes Urbanos (CBTU), que es un organismo federal

La intervención directa del Estado Nacional en empresas ferroviarias urbanas (trenes y subtes) sigue siendo muy importante también en las ciudades europeas, EEUU y Japón.

Una evidencia similar se revela en un  reciente análisis comparativo que muestra que la financiación de los proyectos de inversión en transporte en las ciudades aportada por el Gobierno Federal  es, en Estados Unidos del 80%, un 75%  en Alemania, un 20% a las líneas subterráneas de Francia (sin contar los fondos específicos que van directamente a las comunas) y un 70% en Colombia.

En esos países actúan así porque son conscientes que los beneficios de mejorar el transporte público en las ciudades exceden a los habitantes de las mismas impactando  en la competitividad global de la economía, disminuyendo la contaminación y emisión de gases de efecto invernadero y reduciendo  la utilización de energía renovable. Y de estos objetivos, que son elementos  indispensables de una estrategia nacional de largo plazo, tanto la Presidente Kirchner como el Ing. Macri deberían tomar debida nota y afrontar, en consecuencia, una cooperación exenta de mezquindades y estrechez de miras.

El “Huracán” Cristina cerca de la Promoción

Tal como era previsible, las elecciones porteñas señalan el inicio de una serie de derrotas electorales del kirchnerismo, siguiendo con la lógica del triunfo de los oficialismos en las provincias, salvo en Catamarca, en donde Eduardo Brizuela del Moral iba por su tercer mandato. Hasta Fabiana Ríos, la gobernadora de Tierra del Fuego que iba por su reelección, obtuvo su cometido luego de ganar la segunda vuelta en forma inesperada, especialmente para el ministro Florencio Randazzo que viajó para saludar a su opositora.

El primer impacto de la derrota capitalina es sobre la construcción mediática instalada desde la Casa Rosada que dice que el oficialismo es un ventarrón arrasador que ganará en todas las elecciones, tal como sucedía en distritos de menor peso electoral nacional. Hoy, el triunfo en la primera vuelta de la presidente parece alejarse en favor de una oposición que crece -aunque sin definición nítida-, y los problemas políticos internos del FPV.

La aparición de fisuras visibles como los pases de factura entre las distintas colectoras que llevaban a Daniel Filmus y Carlos Tomada como fórmula de gobierno, las responsabilidades que Alberto Fernández achaca a La Cámpora y a la propia Cristina Fernández, y el desprecio de Aníbal Fernández hacia los votantes de la Ciudad de Buenos Aires, son signos claros de una debilidad estructural que el kirchnerismo ha maquillado hasta aquí haciéndola parecer una fortaleza. La victoria de Mauricio Macri, no sólo señala que el kirchnerismo no es invencible, sino que su magnitud mide la distancia entre su esencia débil y populista y su fachada fuerte y progresista.

El frente interno del PJ quedó muy maltrecho con el cierre “real” de la presidente, que sobre la hora, no dejó espacio siquiera para “ir por afuera” a una cantidad de dirigentes de ese partido que están siendo “socorridos” por Eduardo Duhalde y por Francisco De Narváez en un esfuerzo parejo. Carlos Verna, senador de La Pampa renunció a su candidatura por las imposiciones de nombres ignotos en su lista y hasta el obediente José Pampuro quedó con las manos vacías, comprometiendo el armado del FPV en el Senado.

Este es un mal ambiente para acompañar a Daniel Filmus en su calvario y sacrificio final frente a Mauricio Macri en una segunda vuelta sin chances reales. Esa segura derrota empalmará con las elecciones de Santa Fe y Córdoba en lo que prometen ser tres domingos negros consecutivos para el peronismo gobernante. Peor aún, justo antes de la PASO convertida hoy en una encuesta nacional preliminar de la que saldrá el candidato opositor que además sería el contendor en una segunda vuelta con Cristina Fernández.

Para ese entonces, el supuesto del triunfo de los oficialismos será puesto a prueba, frente a dos cuestiones que han aflorado en las últimas compulsas locales. Por un lado, el desgaste que suponen ocho años de gobierno por parte de un partido del mismo signo –hasta de las mismas caras y prácticas-, tal como sucediera en Catamarca. Y por el otro, la voluntad emanada de las urnas hacia expresiones políticas de tolerancia y no confrontación, giro que Cristina Fernández prometió en 2007 y aún no se ha traslucido en sus actitudes políticas hacia adentro y hacia afuera del poder.

Es bueno recordar que el peronismo de Carlos Menem no pudo continuarse en Eduardo Duhalde, por desgaste y por la contra que ejerció el menemismo sobre su propio candidato. La salvedad podría constituirla la situación económica de 1999 en la que la desocupación era más acuciante que la inflación y la poca creación de nuevos puestos de trabajo de hoy.

La operación para maquillar ese desgaste evidente es la conformación de los elencos cercanos al poder en donde la obediencia ciega de los funcionarios jóvenes es vendida como la renovación de la política. Así, Amado Boudou es ungido como candidato a vicepresidente y figuras como Filmus y Tomada, comprometidos desde el 2003 con el kirchnerismo, van rumbo a “Siberia”. Atrás quedaron los viejos ropajes, como la transversalidad que tenían un poco más de carnadura que lo que hoy ensaya el poder.

Es de esperar que el gobierno nacional se aferre a la teoría del triunfo de los oficialismos e implemente una campaña similar a la de Mauricio Macri, con profusión de inauguraciones y campaña en grande, siempre con las encuestas en la mano. Sin embargo, la crispación y la negación -esa que ha dejado pasar las elecciones de la Ciudad sin hacer un solo comentario- son rasgos constitutivos de la política kirchnerista de la que no podrá desembarazarse de acá a octubre.

La ciudad veleidosa

La Capital Federal ha mostrado un comportamiento electoral similar al de otras ocasiones. El peronismo alcanzó su techo y una fuerza política nueva, el PRO, concita el interés que en otras elecciones supo tener la UCR, o figuras como Elisa Carrió o Ricardo López Murphy, hoy relegados a lugares inimaginables hace unos años. Ese espacio vacío fue ocupado por una maquinaria inteligente de acumular y conservar el poder, aunque amable y colorida.

Fernando Solanas, otro actor político rumbo al eclipse, no se atrevería decir, que aquí “la calidad del voto es muy baja”. En cambio, atinó a admitir que su resultado en la elección, frente a dos aparatos estatales, estaba condenada de antemano: conoce que este electorado no admite el maltrato que tuvo hacia los votantes de Catamarca.

Lo asombroso es el beneficio que la nacionalización y la consecuente polarización reportó a Macri. La primera le atrajo el voto antik y la segunda se lo aseguró, alcanzando una brecha de casi 20 puntos con Filmus. ¿Qué sentido tiene la segunda vuelta? La presidente, obviamente, no participará de la campaña, tampoco sería bien vista la decisión de bajarse de Filmus, porque recuerda la actitud de Menem en el 2003. En cualquier caso, desde la Casa Rosada u Olivos, tendrán que asumir la derrota, por abandono de Filmus, por su silencio negador, o por la improbable defensa de su candidato.

Macri es el hombre de la hora, o mejor dicho, los votantes del PRO son el fenómeno de la hora, porque ayer votaron a Carrió, a la UCR o a López Murphy – a este último lo apoyó el gobierno nacional en la creencia que ideológicamente le restaba a Macri-, o a Jorge Telermann – apoyado por Macri para afectar a Tomada. Es más probable que esos votantes sean más antik que verdaderos seguidores de un hombre simpático que dispone de un excelente equipo de campaña.

El pronóstico para el clima electoral, de aquí a la votación crucial del 14 de agosto, no anuncia huracanes kirchneristas de ninguna clase. Los sucesivos “domingos negros” podrían generar, en vez, fuertes vientos de cambio.

Editorial de Escenarios Alternativos

Los Discursos de CFK en las Asambleas Legislativas

Los discursos de la Presidente Cristina Kirchner se recuerdan, en general, por no ser leídos.

En un interesante trabajo de IPSOS se analizan los cuatro discursos pronunciados frente a la Asamblea Legislativa donde se concluye que, recorridos de manera secuencial, “ vemos una explicación que parte desde un acuerdo colectivo, para llegar al logro de sólo dos personas sacrificadas que contra todos los enemigos lograron imponer lo mejor para todos. De la propuesta de unidad, hacia la consolidación de una diferencia de modelos antagónicos”.
Ipsos Mora y Araujo – Situacion y Perspectivas Nro 60

Patrimonialismo

Las actitudes de Mauricio Macri y Cristina Fernández en relación a los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo constituyen un buen ejemplo de acciones patrimonialistas por parte del Jefe de Gobierno y la Presidente de la Nación. El patrimonialismo, categoría analítica desarrollada por Max Weber, es la tendencia de un Gobierno o un partido político a considerar como propios los bienes públicos. Ambos deciden, como si se tratara de su propia casa, con quien compartir un acontecimiento que las multitudinarias presencias en los actos públicos les demuestran que es de todos.