La Transición Democrática. Lecciones del Caso Español

felipe y rey En la literatura de la ciencia política la transición a la Democracia tiene un capítulo destacado.

En el caso de la Argentina, ciertamente estuvo dinamizada por la derrota de la Guerra de Malvinas de 1982, la trágica aventura final de la dictadura, que signó una transición que se caracteriza como de ruptura porque no tuvo acuerdos con el Régimen que concluía y tampoco entre los actores de la nueva realidad política.

Esta situación la distingue de las otras de la región como Uruguay, Brasil y Chile donde se verificaron distintos acuerdos que, entre otras cosas, impidieron la revisión de lo actuado por los regímenes militares salientes.

En su momento, la transición a la Democracia de la Argentina estuvo influida por la repercusión en nuestro escenario político de la española que, a diferencia de la de Portugal que sobrevino por un levantamiento militar conocido como la Revolución de los Claveles en 1974, fue consecuencia de la muerte del dictador Franco en 1975.

Es por eso que me resultó muy interesante, para entender un poco más el caso español, conocer la experiencia de la transición  a  través de una producción de  la Televisión Española que ofrece, entre otros,  los testimonios de protagonistas destacados como Alfonso Guerra, Vicepresidente del Gobierno de Felipe González, y de Santiago Carrillo, líder histórico del Partido Comunista que aceptó, entre otras cosas,  la existencia de una Monarquía como precio a pagar por un Partido Marxista que aspiraba a vivir en una sociedad democrática.

1 opinión en “La Transición Democrática. Lecciones del Caso Español”

  1. Los españoles han aprendido también, desde la Constitución de 1978, a gobernar en coaliciones, tanto a nivel nacional como de algunas autonomías, como la Generalitat de Catalunya, con partidos minoritarios cuyas posturas o personajes no siempre resultan digeribles para el partido mayoritario. Lo mismo puede decirse de Alemania, que debió gobernar en el pasado reciente, en una coalición liderada por la democristiana Angela Merkel y secundada por el otro gran partido político alemán, la socialdemocracia, por lo esa combinación rebe allí el nombre de “gran coalición”, algo que sólo se dio a fines de los años 60. Luego, en las elecciones siguientes, las más recientes, los votos del electorado alemán le permitieron a los democristianos volver a formar coalición con su aliado tradicional, los liberales del FDP, igual que en la época del canciller Kohl a quien le tocó la reunificación alemana en 1990.

    Me parece que en la Argentina, aún desde un sistema político presidencialista, diferente del sistema parlamentario de españoles y alemanes, y luego de la lamentable experiencia de 2000-2001, se debe aprender seriamente a encarar la posibilidad de “cohabitar” en el gobierno con otros partidos.

    ¿Estaremos realmente preparados, llegada la eventualidad de octubre de 2011 y lo que el menú de posibilidades y encuestas determine, a encarar siquiera esa posibilidad con verdadera madurez política y sentido de estadistas?

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