La buena política debe prevalecer

Aún sin conocer el número final de enfermos y víctimas fatales -en el mundo hay, al momento de escribir estas líneas, cerca de 16 millones de casos y más de 600.000 muertos- las consecuencias de la pandemia, en términos económicos y sociales, son dramáticas e históricas tanto a escala global, como en la región de América latina y, también, en nuestro país.

Según la OIT, las horas de trabajo perdidas en el mundo en el segundo trimestre de este año son equivalentes a alrededor de 300 millones de empleos de tiempo completo. Por su parte, Oxfam, la organización localizada en Londres, basándose en estudios de la UN University calcula que se sumarán 500 millones de personas, el equivalente al 8% de la población mundial, al contingente de pobres del mundo.

Para nuestra región de América Latina, en tanto, la CEPAL estima que cerca de tres millones de empresas cerrarán sus puertas, y que la riqueza por habitante caerá este año a valores equivalentes al año 2010, consolidando así una nueva década perdida en términos económicos.

Frente a este panorama dramático, donde crecen los miedos individuales y las angustias sociales -que son nutrientes para la emergencia o avances de liderazgos autoritarios-, la primera responsabilidad de los gobernantes de todas las latitudes es proveer certidumbre.

A pesar que no estamos en condiciones de pronosticar, de manera precisa, el impacto local de los eventuales cambios en la distribución del poder global ni el resultado de la disputa por el predominio tecnológico, lo que sí está fuera de discusión es que esta generación de argentinos nos enfrentamos a una crisis multifacética e inédita.

En efecto, sabemos que las condiciones económicas y sociales serán, a la salida del prolongado aislamiento social obligatorio, aún peores que las vigentes en marzo. Se espera para este año, en relación con 2019, una caída de dos dígitos en la riqueza generada, una duplicación del número de desempleados y crecientes cotas de personas y hogares bajo la línea de pobreza. El resurgido y enorme déficit fiscal, producto de las mayores erogaciones y mermados ingresos impositivos, está acompañado por una presión tributaria extrema, sin acceso al crédito internacional y con mínimas reservas internacionales.

Se espera para este año, en relación con 2019, una caída de dos dígitos en la riqueza generada, una duplicación del número de desempleados y crecientes cotas de personas y hogares bajo la línea de pobreza

Esos indiscutibles datos de la realidad obligan a los que tienen responsabilidades de gobierno, en los tres poderes y en los tres niveles de gobierno, a un ejercicio poco practicado en nuestra historia: el de forjar acuerdos entre las fuerzas políticas dotados de la eficacia para dinamizar transformaciones con una perspectiva estratégica y de futuro.

Una mirada sobre las últimas cuatro décadas de nuestra vida social nos muestra la aptitud para archivar el ciclo de golpes de Estado que signó buena parte del siglo XX, merced al amplio consenso social para asentar en la soberanía popular la legitimidad política. Sin embargo, también muestra el inocultable fracaso en nuestro desempeño económico fundado, en buena medida, en la falta de coincidencias en cuestiones básicas del ordenamiento socioeconómico.

Así, la Argentina es internacionalmente reconocida como actor clave y decisivo en la democratización de América del Sur en los años ochenta y pionera en la revalorización de los Derechos Humanos y, al mismo tiempo, triste ejemplo de retroceso de un país que hoy está en el podio de los peores resultados económicos a nivel mundial.

La agenda para superar la decadencia es compleja y exigente. Debe procurar restablecer y hacer sostenible los equilibrios perdidos, macroeconómicos y de precios relativos; brindar un fuerte impulso a políticas que doten de competitividad sistémica a nuestra economía; generar iniciativas que promuevan la cohesión social en la lucha contra la pobreza y la desigualdad y promover la integración de nuestro país al mundo.

Es evidente que tamaño desafío reclama un programa consistente de políticas públicas de amplio espectro que no admite ser sustituido por un conjunto de anuncios de medidas que sin ese programa es, en el mejor de los casos, un listado de buenas intenciones.

Sin embargo, el diseño de un programa consistente es solo una condición necesaria, ya que la condición suficiente es la disponibilidad de un sólido soporte político para minimizar la incertidumbre que, al decir de J.H.G Olivera, ex Rector de la UBA en su década más reputada, genera mayores y más perjudiciales consecuencias que los propios errores de política económica.

En la democracia representativa los acuerdos se materializan en sede legislativa, luego de una amplia deliberación pública que permite obtener consensos plurales frente a la ciudadanía.

Ahora bien, debe quedar claro desde el inicio que el criterio rector de cualquier acuerdo debe ceñirse a nuestro ordenamiento constitucional, base de nuestro estado democrático de derecho.

Las instituciones son más relevantes que la propia dotación de recursos naturales para explicar el desempeño económico de un país

Ello es así, no solo porque el apego a la ley es lo que permite la solución pacífica de las controversias en una sociedad sino porque, además, está demostrada la asociación positiva entre la fortaleza de las instituciones y los resultados económicos. Esa robusta relación de causalidad permite comprender por qué las instituciones son más relevantes que la propia dotación de recursos naturales para explicar el desempeño económico de un país.

Para aquellos que todavía se resisten a aceptar la relación causal entre instituciones, respetadas y vigorosas, y los impactos económicos es recomendable pensar en las razones que explican la diferencia entre las dos Coreas y, en nuestra América Latina, entre Costa Rica y Nicaragua.

Más cerca todavía, en la distancia geográfica y afectiva, la República Oriental del Uruguay con buenas prácticas en sus políticas públicas, un respeto irrestricto a las leyes y una cultura del compromiso entre los actores políticos nos permite entender por qué fue posible que en diez años hayan reducido la pobreza en veinte puntos porcentuales.

Teniendo esas evidencias a la vista es que, en nuestro país, los imprescindibles acuerdos institucionales conllevan una doble exigencia. La fuerza política a la que el voto popular le asignó el papel de oposición tiene que comprometerse en el ejercicio de responsabilidad que el desafío de la hora exige. Del mismo modo, la fuerza política que está en el gobierno debe asumir que no le asiste el derecho de incorporar asuntos de agendas personales de sus dirigentes, por más influyentes que estos sean.

Todos, oficialismo y oposición, deben demostrar con su accionar que no estamos dispuestos como sociedad a acostumbrarnos a la confrontación estéril que, además de aturdir, irrita al ciudadano y bloquea la construcción de un futuro común.

Todos, oficialismo y oposición, tienen la oportunidad de demostrar, como en el momento inaugural de la democracia, que la buena política es capaz de prevalecer sobre las fuerzas conservadoras de los hábitos y costumbres que contribuyeron al atraso y decadencia de nuestra sociedad.

4 opiniones en “La buena política debe prevalecer”

  1. Exposición del ideal para nuestro país, que se encuentra sumido en una larga decadencia, sin instituciones consolidadas, con democracia y republicanismo declamados, sin que funcionen en los hechos.

  2. Me atrevo a enviarte lo que creo necesarios para el futuro
    El Cambio es Político.
    Todos creemos que elegimos. Cada uno de nosotros piensa que vivimos en democracia. Algunos pensarán que estos derechos no son plenos sino que nos son otorgados por vaya a saber que poder oculto nos limita la fuerza de incidir en las decisiones. Lejos estoy de creer eso, pero sí creo que el que nos limita en las decisiones es el propio sistema electoral que tenemos en la mayoría de los países de América.
    Todos estos sistemas son exageradamente presidencialistas lo que nos obliga a elegir un rey cada cuatro años (en nuestro caso), sin darnos cuenta que lo que está mal es la monarquía. Nos fuimos acostumbrando a permitirlo con la esperanza de que alguna vez el rey que elegimos sea el que piensa como nosotros. Poco a poco nos dimos dando cuenta que en realidad poco tenemos que ver con el pensamiento de lo que votamos. Elegimos es un rey y lo que está mal es la monarquía. Ese poder en tan grande que preferimos asignar el voto al que se opone al que no queremos darle semejante poder.
    Con el tiempo nos ha llevado a tener que prescindir de cuestiones ideológicas para volver a las fundacionales como la libertad y la república. El poder que otorgamos es tan grande que estas siempre van estar en riesgo. Votamos sin saber qué va hacer el rey de turno. Esto también ocurre a nivel provincial y municipal.
    Por otro lado casi por derrame de los candidatos a reyes llegan los diputados y los senadores. Me voy a referir a los diputados ya que no creo que los senadores deban tener injerencia de las decisiones que aquí estoy planteando. Los diputados cumplen casi ninguna función. Solo dicen sí o no según el rey ganador se vea afectado en sus intereses de mantener el poder o los otros que lo pierda. No existe otro esmero en ellos que no sea la reasignación o confirmación del poder de turno. Se debe a que no poseen ninguna función ejecutiva. Una prueba de la inutilidad de los legisladores en los cuales reside solo poder para sostener la democracia es que solo trabaja en cuestiones de estado tres días por semana. Todas la energía la dedican a cuestiones de poder.
    La sociedad pretende contradictoriamente que en este contexto existan acuerdos para encarar políticas de estado que provoquen soluciones a mediano y largo plazo. Es una fantasía, esto nunca va ocurrir. No existe forma que con este sistema podamos tener proyectos de desarrollo de todos los sectores básicos de una sociedad que esta compelida a elegir A o B. y que si no es A el peligro es B y también a la inversa.
    Esto obliga a que la mayoría del gasto público sea manejado con este mismo interés: el de permanecer en el poder o el de tomarlo. Giovanni Sartori decía que la Argentina no ha superado el fascismo. Y es cierto, todos queremos el poder absoluto y nada para el que piensa distinto. Salvo escucharlo, pero que la decisión siga siendo unlateral.
    Los países europeos con sistemas similares al nuestro tuvieron soluciones de manos de la Unión Europea. ¿Podemos pensar que Mercosur podría aportar la misma solución? La respuesta es rotunda, No. Una de las razones hizo posible el progreso de Europa fue que los propios gobiernos estatales son parlamentaros o semiparlamentarios. Están obligados a compartir el poder. Los que no lo eran tuvieron que mutar. No solo obliga a acuerdos para gobernar, sino que hace mucho más racional la decisiones y frena las locuras personalistas de los que aprovechando simpatías ocasionales y logran formar gobierno. Frena el fascismo.
    Esto permitió el famoso estado de bienestar. Superó al comunismo, obligo a actualizarse al socialismo y dio otro panorama a los conservadores. Logaron eliminar la pobreza, sin coartar la libertad, aportes de todos. Cada uno siguió siendo quien era. Ganando o perdiendo tenia influencias y eran necesarios. Permitió la creación de partidos que trabajaban sobre problemas específicos como los ecologistas.
    Este es el único camino. Una democracia parlamentaria que comprometa a los dirigentes a acordar para gobernar y cada partido pueda seguir siendo un partido generador de ideas, sin tener adherirse a otro para evitar que un tercero gane. En ese ámbito formar gobierno con ministros legisladores, aplicar la políticas que cada comisión del congreso indique para cada sector. Que cada miembro del gobierno rinda cuentas de los avances y reciba la ayuda legislativa para cumplir con metas razonables. Esto permitirá eliminar la monarquía que nos mata poco a poco y nos tenga soñando adolecentemente con la llegada del rey salvador.
    Nada de esto serviría si no aplicamos el mismo método en las provincias y en los municipios. El Cambio es político. Una nueva república compartiendo las decisiones por obligación del sistema y no por conveniencias del poder.

  3. Jesús, tu artículo es imperdible e imprescindible su lectura para entender cabalmente donde estamos, en el mundo y especialmente en nuestro país. Te admiro ya que con tantos años de política seguís “en la brecha” fiel a los principios radicales pero más aún a los principios del liberalismo político y la república. Solo ruego que en un momento tan grave como este, quienes formamos parte del 41% que no voto a este gobierno, seamos representados de la forma en que vos lo haces y se mantenga sin mezquindades la unidad de Cambiemos, frente al peligro de una tiranía. Abrazo!

  4. Estimado Jesús : yo fui de tu grupo político y trabajamos juntos con nuestro gran y querido referente político el dr RAUL ALFONSIN.Te mando un saludo y espero que lo recibas yo estoy muy enojado con todos los afiliados al partido que hicieron una alianza con la ultra derecha los neoliberales ,conservadores y enemigos históricos de radicalismo y en contra de lo que marcan los principios de nuestro partido ayudaron a Macri a enterrar a el.país y sumarse a las maniobras más antidemocraticas deademás que RAUL. Restaurará la democracia conviviendo políticamente con Carrío. La cual Raul la menciona como enemiga del radicalismo .enemiga del partido .yo la vi en una reunión en el comité de Ricardo Marcos (a esa reunión vos también asistíste ) escupirle la espalda a una diputada porque no la quería. …hay un video donde Raul habla clarito de Macri y de Carril. ..se asociaron con los que lo chiflaban a Alfonsin en la Rural. Dándole toda la estructura de fiscalización electoral que disponía nuestro país.perder identidad que tenemos un partido casi a desaparecer ,centenario partido que se destacó siempre por la honestidad con varios presidentes que se fueron pobres después de gobernar y algunos donado su jubilación presidencial. …por eso estimado Jesús pero yo en esa no los acompaño .yo tengo ideas de socialismo de centro como nos marcará Alfonsin y no como los nuevos seudóradicales radicales marcando una tendencia a la extrema derecha….seguiré siendo radical pero de los de antes y no cuenten con mi voto hasta que el partido no cambie .atte Carlos Figoli PD si lo recibis te agradezco me contestes.

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