El “Huracán” Cristina cerca de la Promoción

Tal como era previsible, las elecciones porteñas señalan el inicio de una serie de derrotas electorales del kirchnerismo, siguiendo con la lógica del triunfo de los oficialismos en las provincias, salvo en Catamarca, en donde Eduardo Brizuela del Moral iba por su tercer mandato. Hasta Fabiana Ríos, la gobernadora de Tierra del Fuego que iba por su reelección, obtuvo su cometido luego de ganar la segunda vuelta en forma inesperada, especialmente para el ministro Florencio Randazzo que viajó para saludar a su opositora.

El primer impacto de la derrota capitalina es sobre la construcción mediática instalada desde la Casa Rosada que dice que el oficialismo es un ventarrón arrasador que ganará en todas las elecciones, tal como sucedía en distritos de menor peso electoral nacional. Hoy, el triunfo en la primera vuelta de la presidente parece alejarse en favor de una oposición que crece -aunque sin definición nítida-, y los problemas políticos internos del FPV.

La aparición de fisuras visibles como los pases de factura entre las distintas colectoras que llevaban a Daniel Filmus y Carlos Tomada como fórmula de gobierno, las responsabilidades que Alberto Fernández achaca a La Cámpora y a la propia Cristina Fernández, y el desprecio de Aníbal Fernández hacia los votantes de la Ciudad de Buenos Aires, son signos claros de una debilidad estructural que el kirchnerismo ha maquillado hasta aquí haciéndola parecer una fortaleza. La victoria de Mauricio Macri, no sólo señala que el kirchnerismo no es invencible, sino que su magnitud mide la distancia entre su esencia débil y populista y su fachada fuerte y progresista.

El frente interno del PJ quedó muy maltrecho con el cierre “real” de la presidente, que sobre la hora, no dejó espacio siquiera para “ir por afuera” a una cantidad de dirigentes de ese partido que están siendo “socorridos” por Eduardo Duhalde y por Francisco De Narváez en un esfuerzo parejo. Carlos Verna, senador de La Pampa renunció a su candidatura por las imposiciones de nombres ignotos en su lista y hasta el obediente José Pampuro quedó con las manos vacías, comprometiendo el armado del FPV en el Senado.

Este es un mal ambiente para acompañar a Daniel Filmus en su calvario y sacrificio final frente a Mauricio Macri en una segunda vuelta sin chances reales. Esa segura derrota empalmará con las elecciones de Santa Fe y Córdoba en lo que prometen ser tres domingos negros consecutivos para el peronismo gobernante. Peor aún, justo antes de la PASO convertida hoy en una encuesta nacional preliminar de la que saldrá el candidato opositor que además sería el contendor en una segunda vuelta con Cristina Fernández.

Para ese entonces, el supuesto del triunfo de los oficialismos será puesto a prueba, frente a dos cuestiones que han aflorado en las últimas compulsas locales. Por un lado, el desgaste que suponen ocho años de gobierno por parte de un partido del mismo signo –hasta de las mismas caras y prácticas-, tal como sucediera en Catamarca. Y por el otro, la voluntad emanada de las urnas hacia expresiones políticas de tolerancia y no confrontación, giro que Cristina Fernández prometió en 2007 y aún no se ha traslucido en sus actitudes políticas hacia adentro y hacia afuera del poder.

Es bueno recordar que el peronismo de Carlos Menem no pudo continuarse en Eduardo Duhalde, por desgaste y por la contra que ejerció el menemismo sobre su propio candidato. La salvedad podría constituirla la situación económica de 1999 en la que la desocupación era más acuciante que la inflación y la poca creación de nuevos puestos de trabajo de hoy.

La operación para maquillar ese desgaste evidente es la conformación de los elencos cercanos al poder en donde la obediencia ciega de los funcionarios jóvenes es vendida como la renovación de la política. Así, Amado Boudou es ungido como candidato a vicepresidente y figuras como Filmus y Tomada, comprometidos desde el 2003 con el kirchnerismo, van rumbo a “Siberia”. Atrás quedaron los viejos ropajes, como la transversalidad que tenían un poco más de carnadura que lo que hoy ensaya el poder.

Es de esperar que el gobierno nacional se aferre a la teoría del triunfo de los oficialismos e implemente una campaña similar a la de Mauricio Macri, con profusión de inauguraciones y campaña en grande, siempre con las encuestas en la mano. Sin embargo, la crispación y la negación -esa que ha dejado pasar las elecciones de la Ciudad sin hacer un solo comentario- son rasgos constitutivos de la política kirchnerista de la que no podrá desembarazarse de acá a octubre.

La ciudad veleidosa

La Capital Federal ha mostrado un comportamiento electoral similar al de otras ocasiones. El peronismo alcanzó su techo y una fuerza política nueva, el PRO, concita el interés que en otras elecciones supo tener la UCR, o figuras como Elisa Carrió o Ricardo López Murphy, hoy relegados a lugares inimaginables hace unos años. Ese espacio vacío fue ocupado por una maquinaria inteligente de acumular y conservar el poder, aunque amable y colorida.

Fernando Solanas, otro actor político rumbo al eclipse, no se atrevería decir, que aquí “la calidad del voto es muy baja”. En cambio, atinó a admitir que su resultado en la elección, frente a dos aparatos estatales, estaba condenada de antemano: conoce que este electorado no admite el maltrato que tuvo hacia los votantes de Catamarca.

Lo asombroso es el beneficio que la nacionalización y la consecuente polarización reportó a Macri. La primera le atrajo el voto antik y la segunda se lo aseguró, alcanzando una brecha de casi 20 puntos con Filmus. ¿Qué sentido tiene la segunda vuelta? La presidente, obviamente, no participará de la campaña, tampoco sería bien vista la decisión de bajarse de Filmus, porque recuerda la actitud de Menem en el 2003. En cualquier caso, desde la Casa Rosada u Olivos, tendrán que asumir la derrota, por abandono de Filmus, por su silencio negador, o por la improbable defensa de su candidato.

Macri es el hombre de la hora, o mejor dicho, los votantes del PRO son el fenómeno de la hora, porque ayer votaron a Carrió, a la UCR o a López Murphy – a este último lo apoyó el gobierno nacional en la creencia que ideológicamente le restaba a Macri-, o a Jorge Telermann – apoyado por Macri para afectar a Tomada. Es más probable que esos votantes sean más antik que verdaderos seguidores de un hombre simpático que dispone de un excelente equipo de campaña.

El pronóstico para el clima electoral, de aquí a la votación crucial del 14 de agosto, no anuncia huracanes kirchneristas de ninguna clase. Los sucesivos “domingos negros” podrían generar, en vez, fuertes vientos de cambio.

Editorial de Escenarios Alternativos

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