Un Juego Socialmente Peligroso

ruleta El año pasado, sólo en la Ciudad de Buenos Aires, entre el casino flotante, las máquinas electrónicas del hipódromo y las salas de Bingo, se jugaron casi cuarenta y cinco mil millones de pesos. Sí, leyó bien, más de diez mil millones de dólares.

 

Para tener una idea de la magnitud relativa de este verdadero despropósito social, basta saber que el Presupuesto de la Ciudad de Buenos Aires del año 2011 fue apenas la mitad de lo que se jugó en la ciudad en ese año, o que el monto jugado el último año en la Ciudad es superior a toda la obra pública del Estado Nacional, las erogaciones de la asignación por hijo – mal llamada universal- y las asignaciones presupuestarias del Conicet sumadas.

En los últimos cuatro años, durante los primeros mandatos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, la suma de dinero jugada en la Ciudad – solo en las tres variedades de juego verificadas- aumentó más del setenta por ciento.

La información disponible, cuya obtención es una verdadera misión imposible, permite saber que los ingresos del concesionario del casino, donde el monto jugado casi se multiplicó por tres desde el año 2007, alcanzaron en los últimos cuatro años una cifra que orilla los dos mil quinientos millones de pesos, más de seiscientos millones de dólares.

En el caso de las máquinas electrónicas, los ingresos del operador superaron en los cuatro años los tres mil trescientos millones de pesos, más de ochocientos millones de dólares.

Por su parte, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires percibieron el año pasado escasos ciento ochenta y cuatro millones de pesos cada uno, es decir menos del uno por ciento de lo que se jugó en el año en el casino y en las máquinas electrónicas.

En adición a la conducta socialmente disvaliosa que revela el auge del juego y, por otra parte, la exigua contribución fiscal con la que habitualmente se pretende justificar su promoción, corresponde consignar que el mismo es internacionalmente considerado como “una actividad financiera” de alto riesgo en relación con las prácticas delictivas del lavado de dinero.

Esa caracterización impone – de acuerdo a los criterios del organismo intergubernamental del cual forma parte nuestro país, el GAFI- la necesidad de conocer en detalle la composición accionaria y el origen de los fondos de los concesionarios de las salas de juego; asimilar los jugadores a los clientes de un banco que deben ser identificados y, por último, que las salas de juego presenten una detallada base de datos de sus operaciones. Los análisis y recomendaciones del GAFI tienen en cuenta el extraordinario volumen del movimiento de capitales ilegales que, según estudios recientes de las Naciones Unidas, han sido estimados en 10000 millones de dólares diarios.

Desde esa perspectiva, el desempeño de nuestro país ha merecido del organismo competente, el GAFISUD, en la última evaluación de Diciembre del 2010 una recomendación por la que se “debe implementar un régimen normativo y de supervisión de antilavado de activos para los casinos”, en especial porque “no hay autoridad competente para supervisar a los casinos”.

Esa recomendación se funda, entre otras razones, en que según los propios datos oficiales, de las 10712 denuncias de operaciones sospechosas de lavado de dinero recibidas por la UIF desde el año 2002 hasta el mes de Marzo de 2011, solo 26 fueron reportadas por salas de juego.

La Argentina cuenta, según un Informe específico del GAFI sobre la vulnerabilidad a delitos de lavado de dinero en los casinos de Marzo del 2009, con más de 80 salas de juego que debían aplicar las recomendaciones, una cantidad que se equipara al total de salas en todos los países de América del Sur.

La sociedad argentina no puede enfrentar la nociva y creciente actividad del juego privado con un Estado que alienta su desarrollo con inadmisibles exenciones tributarias y arbitrarias prórrogas contractuales. Los actuales gobernantes, al hacerlo, se hacen cómplices de una actividad privada altamente rentable y peligrosamente tóxica en términos sociales.

3 opiniones en “Un Juego Socialmente Peligroso”

  1. Por fin alguien desnuda las desventajas que trajo la proliferación de salas de juego. Me puso muy contento leerlo, lastima que sean pocos los dirigentes politicos que se oponen al juego.

  2. Hay algo mas que se puede agregar a la excelente nota que has escrito y es que, tanto del Gobierno Nacional (Cristina Fernandez) como el de la Ciudad (Mauricio Macri) protegen a las salas de juegos, no llevando a cabo los controles necesarios para que cumplan, como exigen a los vecinos comunes, con las disposiciones – normas dictadas por el Congreso Nacional Ley Nº 26687 y la Legislatura local Ley Nº1799 y modificatoria Nº 3718- con las difundidas leyes que prohiben fumar en espacios cerrados de acceso publico. Agrava la situación el hecho de que los “jefes de seguridad” de estos antros de juego, se niegan a recibir las cédulas que se envían desde la Defensoría del Pueblo de la Ciudad solicitando se informe sobres varias denuncias que recibió el Organismo llevadas a cabo por concurrentes y el propio personal de esos establecimientos. ¿Tendra que ver las conocidas relaciones de dichos gobiernos con los dueños de los mismos? poderoso señor es don Dinero.

  3. todo ese dinero en el circulo virtuoso de la economia,cuanto aumentaria el movimiento del dinero en nuevas industrias y trabajo,en cambio asi como lo reciben,los que lo obtienen vuelve alas arcas de los poderosos,sin ningun beneficio para la sociedad………

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