La UCR Protagonista

La UCR levanta su voz y es protagonista de la elección presidencial. Las razones para una estrategia. Lo que viene. El oficialismo se cierra sobre sí y quemará las naves hasta el final del mandato.

De pronto, la UCR, denostada como un partido alicaído, logró sacudir la atención de manera insospechada y plantar condiciones para las elecciones nacionales que se avecinan, dando el ejemplo de que los partidos en un sistema democrático son la institución política por excelencia. Luego del intento de cohesionar un polo de poder en UNEN, la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical votó el fin de semana pasado, por una estrategia electoral con chances de llegar al gobierno, y por Ernesto Sanz como representante y mentor de esa línea de acción.

La estrategia, consistente en plantear las próximas PASO entre la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, del PRO de Mauricio Macri y de la UCR Ernesto Sanz, con una boleta unificada de legisladores y con acuerdos provinciales claros, como una forma de tener una coalición amplia con buenas probabilidades de alcanzar el poder en este año y con la chance segura de aventar cualquier fantasía oficialista de ganar en primera vuelta con el candidato que fuere. Además de asegurar y ampliar los cargos electivos de la UCR en todos los distritos del país.

El acuerdo refuerza la posición de candidatos radicales que están bien posicionados para vencer al oficialismo en Mendoza, Santa Cruz, La Rioja, Jujuy, Tucumán, Tierra del Fuego, Neuquén, Río Negro, Córdoba, Santa Fe, Catamarca, Corrientes, Entre Ríos y Chaco.

La decisión de la Convención sostiene la necesidad de un acuerdo de políticas públicas basado en la urgencia de recomponer el equilibrio republicano, sin por ello derogar en forma masiva las leyes impulsadas por el kirchnerismo en los últimos años. La coalición tiene en claro que esta no ha sido una década ganada, pero tampoco han sido diez años de errores. El propio Sanz declaró: “Lo que viene es establecer un programa común y no tengo dudas de que vamos a hacerlo, más allá de que va a haber diferencias porque no somos iguales. La regla general es la integración de listas en todo el país, y donde no podamos hacerlo habrá competencia”.

En esa dirección, la Convención Nacional elaboró un documento que hace una descripción acabada, profunda y contundente del populismo; pone el acento en la educación y la recuperación del mérito y el esfuerzo en la sociedad; convoca a la dirigencia nacional para recuperar el valor, la integridad y la eficacia del Estado; instala la necesidad de modernizar la estructura productiva del país; e identifica tres pilares para el desarrollo: igualdad y libertad, modernización productiva y calidad de vida urbana y rural.

El documento advierte “que el desarrollo no se alcanza mediante un gasto estatal desenfrenado sin ocuparse de los cambios estructurales; que aumentar el intervencionismo estatal y la presión fiscal no significa que esto redunde a favor de los que menos tienen; que utilizar una fraseología progresista no implica implementar políticas de progreso.”

En cuanto al desarrollo social, advierte que “nuestro propósito es pasar de un estilo de intervención estatal paternalista que llega tarde, mal y arbitrariamente ante los problemas sociales, cuando estos ya se han dado, por uno de políticas de bienestar positivo.”

Y en educación postula que “el sistema educativo no opera como un instrumento de inserción productiva e igualación de oportunidades; más bien, tiende a perpetuar la segmentación social. Un fuerte desafío para los próximos años es hacer que la educación sea vista, y de hecho funcione, como un vehículo para el progreso de las generaciones que hoy son jóvenes.” Además, “los recursos económicos destinados a la educación han aumentado en todas las jurisdicciones provinciales y, a pesar del leve retroceso de los últimos años, aún hoy gastamos por alumno más que México, Brasil, Chile, Colombia y Uruguay, obteniendo peores resultados.”

“Debemos terminar con la improvisación, el aislamiento, la desconfianza, el centralismo, la ignorancia y la arbitrariedad que abundan hoy dentro del Estado.” De un Estado que debe garantizar la institucionalidad, porque “sin legalidad constitucional no hay libertades, derechos, ni garantías para la vida y el desempeño personal y social. El desarrollo requiere de la previsibilidad que el decisionismo niega.”

Finalmente, exhorta a que “la apasionante y enorme tarea del progreso demanda que la dirigencia perciba y comprenda las oportunidades y amenazas que se plantean a la Argentina y haga un esfuerzo proactivo y responsable para gestar una estrategia global del país entero para reafirmarse y salir bien plantados en esos escenarios cambiantes y complejos.”

Esta estrategia de la UCR parte de la base de un diagnóstico del sistema político que Néstor Kirchner modeló a su conveniencia desde el año 2003 y que su esposa Cristina profundizó desde el 2011 cuando obtuvo el 54 por ciento de los votos, sacándole 40 puntos al segundo contendor. Esto es, un sistema político desequilibrado con tendencia hegemónica que le permitió a la actual presidente – con amplio control sobre el Congreso – pasar leyes que, de alguna manera, significaron una virtual reforma constitucional “en cuotas”. Iniciativas como la re-reelección de Cristina Fernández fue desactivada por el trabajo de Ernesto Sanz que desde el Senado reunió los votos necesarios para impedir esa iniciativa; del mismo modo que se ha opuesto a la designación del reemplazante de Eugenio Zaffaroni en la Corte Suprema. Por su parte, el Poder Judicial tuvo que cumplir su rol republicano de control, frenando iniciativas del Ejecutivo que le valieron ataques que hasta hoy reciben del oficialismo.

Además de confeccionar las listas y el programa de acuerdos mínimos, la UCR, con el liderazgo de Ernesto Sanz tiene ante sí un desafío de proporciones titánicas porque hay mucho por ganar, por ejemplo, las PASO. No es imposible, con un buen candidato como Sanz y una militancia dispuesta a una gran campaña que tendrá al aparato estatal de propaganda en contra que ya se oye machacando sobre las heridas de la UCR.

Por caso, la comparación de la coalición con la Alianza de fines de los ’90, sin reparar en que la experiencia fallida no invalida un instrumento político valioso como la coalición que permite la competitividad electoral y, a la vez, la posibilidad de preservar identidades partidarias. Tenemos el ejemplo de Chile donde la coalición entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista no implica que cada fuerza renuncie a su ideología, aún en ejercicio del gobierno. O en Alemania, donde la Social Democracia, que toda la vida lucho por un salario mínimo, solo pudo alcanzar su objetivo en bajo la forma de una coalición de gobierno con otros partidos.

El nerviosismo oficialista

Aníbal Fernández regresó al puesto de Jefe de Gabinete que abandonara para asumir su bancada en el Senado y para “enderezar el barco” que Jorge Milton Capitanich no podía controlar, por su impericia y porque su atención estaba centrada en el pago chico, último refugio de su carrera política. Más atemperado en su afilada lengua, el quilmeño tendría su oportunidad de ser precandidato y está al servicio de un discurso que se parece más al peronista que al kirchnerista.

La presidente, lejos de las polémicas por el caso Nissman y ornada por la micro escenografía que se monta en la Casa Rosada cada vez que hace discursos por cadena nacional, sigue preocupada por el futuro y desterrando “traidores” de su lado, como Juan Carlos Mazzón, funcionario con oficina permanente en todos los gobiernos peronistas de Menem a Cristina, acusado de trabajar para Daniel Scioli, el “heredero del sillón de Rivadavia” mas no del modelo. No es casual que el encargado de despedir a Mazzón fuera Carlos Zannini el principal estratega del rumbo electoral del oficialismo. Su origen político “setentista” y su desprecio por todo lo que provenga del peronismo tradicional – tirria que comparte con Axel Kicillof – tensa la cuerda con los gobernadores e intendentes del PJ.

Scioli con su temple de amianto recibe andanadas del oficialismo inmutable. Hasta el 22 de junio, día en que vence la inscripción de las candidaturas, dará testimonio de su fe kirchnerista. Luego, no se sabe, no conocemos a un Scioli confrontativo, tratando por ejemplo, de contrarrestar la estrategia presidencial de que el peronismo pierda las elecciones y ella quede como líder de la oposición – con alguna base en el Congreso – plantada frente a un gobierno no peronista.

Cristina Fernández y Carlos Zannini están decididos a tomar el control de la Junta Electoral del PJ, para despejar cualquier intento de Daniel Scioli se presentar listas en todas las categorías. El objetivo de ambos es armar listas con diputados y senadores nacionales de La Cámpora e incondicionales; y en todo caso limitar la primaria a un enfrentamiento entre Daniel Scioli y Florencio Randazzo, llevando ambos una boleta unificada de legisladores, confeccionada por la presidente y, tal vez, con su figura a la cabeza. Al igual que Carlos Menem, quien hoy cuenta con fueros hasta el 2019, tanto la presidente como varios camporistas necesitan salvoconductos para evitar la intemperie judicial.

Esa premisa fue “desobedecida” por Mazzón en el armado de las listas de Mendoza, donde los “chicos de La Cámpora” quedaron con la ñata contra el vidrio, lo que habría causado su despido de la Casa de Gobierno.

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