K tras K

Un largo rosario de errores políticos y de gestión está minando la base de poder del kirchnerismo y la imagen positiva de la presidente. El triunfo de Hugo Chávez y la euforia del cristinismo. Las profundas diferencias contextuales entre ambos proyectos políticos.
La distancia entre la realidad y los deseos del cristinismo es cada vez más ancha y la brecha que los separa es consecuencia de la aplicación de medidas de facilismo económico y el ejercicio del populismo político. Ambas características, que son las palas que “profundizan el modelo” amenazan con cavar una trinchera de la que resultará difícil salir. La contumacia del verticalismo – y las dificultades económicas – están dejando a la luz graves problemas de gestión que se extiende a los más variados actos de gobierno. Un repaso de los últimos hechos salientes nos permite hacer la historia del extravío de un oficialismo, que como Chávez Jr. – no el idolatrado Hugo- tira golpes en forma desesperada en busca del manotazo salvador.
Racconto fatal
Luego del papelón del partido de fútbol amistoso entre Argentina y Brasil, el gobernador del Chaco, Jorge Capitanich recibió un cachetazo del BCRA, una “externalidad” del control de cambios implantado hace meses y “perfeccionado” día a día. Como la provincia no consiguió algo más de 260.000 dólares para honrar sus bonos emitidos en el año 2006 – y que deben cancelarse en esa moneda – simplemente remitió el equivalente en moneda nacional, pesificando de hecho su deuda. Esto arrastró las acciones líderes en la Bolsa de Comercio porteña donde el índice Merval cayó 2 por ciento. También impactó en Wall Street donde las acciones de bancos locales que cotizan en Nueva York experimentaron fuertes bajas. Para agregar más zozobra al caso el vicegobernador de Buenos Aires, Gabriel Mariotto apoyó la pesificación hundiendo los mercados de bonos.
En quince días, la Prefectura Naval, la Gendarmería y la Armada fueron descabezadas por razones diversas con un origen común: la mala gestión. En el caso de las fuerzas de seguridad interior, la puesta en vigencia de un decreto provocó un descalabro en la estructura salarial de los uniformados, que en una acción sin precedentes, se manifestaron con reivindicaciones gremiales, sin ninguna connotación política. El desaguisado – que aún no se resolvió – les costó la cabeza a los jefes de las fuerzas y al jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad y hermano de la ministra Nilda Garré.
El jefe de la Armada, en tanto, renunció ante la baja impuesta a dos subordinados, en razón del embargo que sufre el buque insignia de la fuerza secuestrado contra todo derecho internacional por un juez de primera instancia de la República de Ghana, en respuesta a la demanda de un fondo buitre. Este hecho implica de lleno al canciller Héctor Timerman, ministro que cuenta con más vidas que un gato a juzgar por el récord de torpezas cometidas desde que reemplazo a Jorge Taiana.
En el campo de las relaciones internacionales Timerman encabeza la espinosa tarea de negociar con la República Islámica de Irán el juicio a los funcionarios con pedido de captura internacional, acusados de perpetrar los atentados de la Embajada de Israel en la Argentina y de la AMIA. El reciente acercamiento a un país que desconoce la muerte sistemática de judíos durante la Segunda Guerra Mundial y propone la eliminación de Israel por la fuerza, no sólo atenta contra los derechos humanos universales, sino que le ha costado al cristinismo la oposición y el pesimismo de los líderes de esa comunidad.
Transporte, energía y educación son los pilares endebles sobre los que se asienta el modelo y el relato, claro está. En el primero, el kirchnerismo instaló el esquema de negocios para amigos con subsidios públicos. Precios congelados, subsidios a la oferta y baja inversión. Los subsidios se multiplicaron por 30 en 8 años pero el servicio no sólo no mejoró en tal nivel sino que se deterioró incuestionablemente. El “modelo” requirió subsidios a los operadores por más de 140 millones de pesos en el año 2003, pasando a 2500 millones en el año 2011. El promedio de inversión en el transporte público es inferior durante el kirchnerismo (50 millones de dólares por año), que durante el menemismo (70 millones de la misma moneda por año).
Hasta hace poco tiempo, la Argentina se autoabastecía de energía. Este año, sólo para su importación, habrá que erogar 12.000 millones de dólares. Mientras el kirchnerismo tuvo superavit fiscal abundante se habló solamente – y poco – de los negociados, puntos oscuros e inconsistencias en estas operaciones. Hoy no sólo se evidencia el trasfondo corrupto de la gestión, sino que quedan a la intemperie las incapacidades y errores del gobierno.
En 2008, cinco años después de la llegada de los Kirchner, la Argentina ya llevaba 10 años seguidos de caída de sus reservas hidrocarburíferas. Pese a eso, hasta 2012 el gobierno sostuvo a Repsol.
Las exploraciones de nuevos pozos durante esta década fueron menos que en los ‘80 y en los ‘90. Eso habla a las claras de inhabilidad en los funcionarios del área. Se decidió, entonces, avanzar con la recuperación de YPF. La presidenta nombró al frente de la empresa a un reconocido experto en la materia, Miguel Galuccio. Un par de semanas después, mientras Galuccio buscaba inversores en el exterior que confiaran en la nueva YPF, el ejecutivo publicó el decreto 1277 con un conjunto de controles y regulaciones sobre las inversiones, precios y ganancias que ahuyentaron los intereses que el jefe de YPF procuraba. El decreto es ilustrativo de que lo urgente (dólares) prima sobre lo importante (inversión y desarrollo).
En materia de gas, el Estado subsidia la importación en lugar de invertir en la producción nacional de los recursos. Aquí, la mala gestión del kirchnerismo no sólo estuvo dada por las oportunidades perdidas -que son muchas y evidentes en un mundo que necesita energía-, sino también por la pérdida sostenida de una posición estratégica como es el autoabastecimiento.
En el sector energético –ahora comandado por Axel Kicillof – la crisis va en aumento. Luego de colocar en virtual quiebra a las distribuidoras de gas y electricidad, ahora golpea las puertas de las generadoras y productoras. Como las distribuidoras decidieron dejar de pagarle a la mayorista Cammesa ante el congelamiento tarifario, Kicillof trasladó el problema a las generadoras. Lo mismo ocurre con el gas y las petroleras.
En educación, el gobierno demuestra que el aumento de recursos no se traduce necesariamente en mejores resultados. Las evaluaciones de calidad de enseñanza muestran que el incremento de puntos del PBI que van a educación – y de los que se jacta el gobierno – no corresponden a una mejora, todo lo contrario, el sistema educativo está en crisis. Otro indicador es lapidario: desde 2002 a la actualidad, creció la cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan.
Además, la politización de los estudiantes secundarios ha causado en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires una conflictividad inédita y sin fin que evidencia una absoluta falta de planificación del mediano y largo plazo en la materia.
La Justicia merece gran atención, debido a que su mal funcionamiento es motivo de uno de los reclamos más importantes de la sociedad. La designación del juez que tendrá a su cargo resolver la cuestión de la cláusula de desinversión de la Ley de Medios Audiovisuales está atorada en el Consejo de la Magistratura y los esfuerzos del gobierno por imponer su candidato ha llegado a pedir a la Corte Suprema que intervenga en el Consejo de la Magistratura, ya que allí no logra imponer magistrados propios para que avancen con la interpretación oficial de dicha cláusula. El ministro de justicia Julio Alak también le planteará a la Procuración General de la Nación que investigue penalmente a cinco miembros de ese Consejo.
El gobierno apunta en especial al juez Ricardo Recondo, que es miembro del Consejo de la Magistratura, al que el kirchnerismo quiso recusar y no pudo. El ministro también cuestionó al ex juez Edmundo Carbone. “El Gobierno no hubiera querido hacer estas presentaciones, pero a las instituciones hay que protegerlas”, declaró Alak. Según el ministro, el descuido institucional se da porque el Consejo de la Magistratura no quiere nombrar jueces que ya trabajan para el Gobierno como titulares de juzgados.
El Gobierno interpreta que la Corte puso como fecha "límite" de esa cautelar al 7 de diciembre. Por eso ha convocado a su militancia a "vigilar" el advenimiento de ese día como una fecha clave en la lucha contra las corporaciones, lanzando una muy anticipada campaña instalada en los medios públicos y oficialistas.
La Auditoría General de la Nación también sufrió un nuevo ataque al querer dar por terminada la presidencia del Leandro Despouy al frente de la misma. La maniobra que se suma al hecho de que ese órgano de control ya cuenta con una mayoría oficialista, se inscribe en la intención de terminar con todos los controles institucionales al poder.
El capítulo sindical es uno que ya se ha tratado aquí con intensidad. No obstante, la dificultosa y larga unción del Antonio Caló como nuevo jefe de la CGT oficialista, refleja el costoso movimiento político del cristinismo de haberse sacudido de encima a Hugo Moyano. En momentos en que aumenta la conflictividad laboral, en vez de contar con un caudillo como el camionero, el gobierno tiene que hacer malabares con un movimiento obrero partido en cuatro partes reconocibles, de las que las dos mayores nuclean a la oposición. Caló tampoco tuvo un feliz debut. A poco de asumir se desató el conflicto con la Prefectura y la Gendarmería, ante lo que declaró a la agencia DyN "todo lo que sea un reclamo de los trabajadores lo vamos a apoyar. Cuando hay un reclamo salarial la CGT lo va a tener que acompañar". A las pocas horas recibió la instrucción de retractarse.
Todos estos yerros políticos, sumados a la tozuda insistencia en medidas económicas de probada historia fallida aquí y en el mundo, han deteriorado la imagen de la presidente que cayó más de 30 puntos en los primeros nueve meses de mandato.
Chávez ¿for ever?
El triunfo del inefable Hugo Chávez, encaramado en su cuarto mandato y hacia 20 años de poder ha significado un espaldarazo vital para Cuba y un alimento para las huestes del cristinismo militante, los mismos que atizan la re reelección indefinida de la presidente. Pero lo que ocurre es que la Argentina no es Venezuela y existen tres factores que limitan las posibilidades de chavizar nuestro país. En primer lugar, ambos comparten el boom regional de buenos precios de los recursos naturales que producimos, aunque en el caso de Venezuela el petróleo está en manos del Estado, mientras que la soja en la Argentina depende de las decisiones de inversión del sector privado. En segundo término, una extendida clase media en la Argentina sostiene los valores republicanos y son críticos a las aventuras populistas. Y por último, las Fuerzas Armadas Venezolanas son parte activa del gobierno, mientras que aquí se encuentran en un estado de absoluta sujeción al poder civil, luego de su rotundo descrédito público y su enjuiciamiento, apenas recuperada la democracia.
Despejado el camino hacia el 2019, Chávez tiene la responsabilidad de enfrentar los graves problemas que aquejan a su país, el de más alta inflación en el mundo, con un Estado impotente para monopolizar la violencia legítima, lo que causa un altísimo índice de criminalidad.
La incertidumbre aqueja a Venezuela y el fantasma de la sucesión agrava el cuadro. Nicolás Maduro que ya es el segundo hombre más poderoso del gobierno queda en primera fila de la sucesión si la enfermedad del mandatario reapareciera y lo alejara del poder.
El canciller – fuerte defensor de la revolución cubana -representa el sueño socialista de que un trabajador llegue al poder. Apenas con el título de bachillerato, comenzó a manejar los buses del sistema del metro de Caracas, luego fue sindicalista, militante y por último político de primera línea. La gestión de Maduro como canciller fue clave en la firma de acuerdos bilaterales con China, Rusia, Bielorrusia e Irán, al tiempo que lanzaba duros dardos contra Washington, el “imperio” enemigo de Chávez y principal comprador del petróleo venezolano.
También lo señalan de formar parte de una nueva suerte de élite económica conocida localmente como la "boliburguesía", nacida a la sombra de la revolución y sus ingentes recursos.
Además de la fuerte amistad con Chávez, Maduro tiene músculo político. Es un convencido de la revolución y maneja un espacio de poder fortalecido tras el nombramiento de Flores como Procuradora General de la República. También goza del respaldo de un amplio sector de la bancada oficialista en la Asamblea.
Es visto como menos duro que Elías Jaua, quien dejará la vicepresidencia esta semana para competir por la gobernación del emblemático estado Miranda y enfrentarse a Henrique Capriles, que perdió la elección presidencial frente a Chávez.
Hay otros dos líderes con poder a la sombra del Comandante: el mencionado Jaua, dirigente de los movimientos sociales y el general Diosdado Cabello, un militar que preside la Asamblea Nacional – es vice del PSUV- y controla 26 diputados de un total 98 miembros. No simpatiza con el gobierno cubano y está enfrentado con grupos del ejército sospechados de vinculaciones con el narcotráfico.
El panorama venezolano es complejo y su Estado no parece estar, política y administrativamente a la altura de los desafíos que se avecinan.

Publicado en Escenarios Alternativos

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