El Peso de la Realidad

LLas razones objetivas de un callejón sin salida en el que se metió el cristinismo. Sin opciones a la vista, los cambios en economía se imponen ante la fuerza de los hechos: el ajuste silencioso. El peronismo se cuece en su propia hoguera.
No cabe duda que la escalada del dólar y la pérdida de reservas, tristes síntomas de la inflación que carcome el modelo “nacional y popular” al que ningún relato -menos uno sin reelección – parece darle pábulo en estas horas difíciles. Aquí no se trata de ensañarse con un gobierno que ha hecho las cosas bastante mal, lo suficiente como para evaporar su apoyo electoral, desgranar su coalición de poder y ser incapaz de generar expectativas favorables en los actores económicos.
Si el gobierno fuese un paciente en problemas, su diagnóstico estaría cerca de coincidir con una esquizofrenia paranoide, trastorno que se caracteriza por el egocentrismo, el aislamiento, y una pérdida de contacto con la realidad. Así se comporta un peronismo gobernante que recurre a justificaciones delirantes (persecución internacional, ataques especulativos, empresarios destituyentes, etc.) para dar cuenta del momento actual.
La iniciativa política, esa arma que el kirchnerismo mantuvo afilada durante diez años se melló con el deterioro de la salud de la presidente, el agotamiento normal de una gestión de diez años y con los desaguisados de esa gestión. Luego de varios tropiezos que eslabonaron una cadena de fracasos durante el 2013 (reforma judicial; blanqueo de capitales; memorando con Irán; idas y venidas con los subsidios; parches del mercado cambiario; rápida decepción de la gestión Coquicillof; etc.) el gobierno deberá hacerse cargo de los efectos de sus propios remedios. Y debe hacerlo rápido para evitar una crisis mayor.
"No vamos a hacer nada que genere bruscos cambios en la economía", repitió como un mantra, lo que Néstor Kirchner tuvo siempre como lema en los asuntos económicos. Sin embargo, a dos meses de pronunciada la frase en su estreno como ministro de economía, Axel Kicillof convalidó la devaluación más gruesa de los últimos doce años. El peso lleva perdido un 32 por ciento de su valor desde entonces y hasta la escritura de estas líneas.
Algunos datos sencillos pueden ubicarnos en el punto exacto en el que la economía nacional se debate hoy. Veamos: desde el 20 y hasta el 31 de enero, el BCRA ha sobrestimado las reservas en un promedio de 222 millones de dólares diarios. Cabe destacar que al 31 de enero el nivel se ubicó en 27.748 millones de dólares. Parte de esas reservas – 7000 millones – son depósitos del sector privado en los bancos, por lo que la verdadera disponibilidad se ubica levemente por encima de los 20.000 millones.
Para el pago de las importaciones, del orden de los 5500 millones de dólares y para los retiros “democratizantes” para atesoramiento de aquellos contribuyentes que tengan un ingreso de más de 7200 pesos – en la práctica más de 20.000 – que ascienden a 400 millones por mes, la Argentina tiene hoy reservas que sólo alcanzan para tres meses y medio. Si bien el monto nominal de las reservas es relativamente alto, en términos reales estamos en la misma situación que a fines de los ’90. Esa proporción era de dos meses antes del “Rodrigazo”. Las cifras de nuestros vecinos hablan a las claras con respecto a esta relación entre reservas e importaciones: Perú tiene para 19 meses; Brasil y Bolivia 16; Uruguay 15 y Colombia 8.
Luego de la devaluación, Kicillof levantó las tasas de interés, en dos oportunidades, para hacer atractivo el peso, lo que sumado a la medida de restricción de importaciones – las grandes empresas deberán “conseguirse sus dólares para importar” – estamos ante las puertas de la desaceleración brusca del nivel de actividad.
El sector exportador de granos y oleaginosas, responsable del 28 por ciento de las exportaciones ha sido urgido a liquidar sus stocks que mantiene en reserva a la espera del precio de equilibrio del dólar, el que no hallará ese nivel con expectativas inflacionarias a la vista. ¿Y el otro 72 por ciento? No es blanco de las diatribas del Jefe de Gabinete.
Febrero será un mes de definiciones para calmar las aguas y lograr estabilidad que despeje la actual incertidumbre. ¿Podrá hacerlo este equipo ya vapuleado en pocas semanas de andadura? ¿Podrá lograrlo una administración en la que no se sabe quién gobierna?
Eso sí, para evitar la espiralización de la inflación la presidente ya apostrofó a Antonio Caló, amenazó a los trabajadores que ahorran en dólares y pidió que calmaran sus aspiraciones salariales.
Impactos de la devaluación
En primer lugar, el Presupuesto Nacional ha quedado herido y desactualizado en sus estimaciones. Distintos especialistas pronostican un 2014 de bajo o nulo crecimiento económico y aceleración en la suba de los precios.
Las nuevas restricciones a las importaciones y al crédito – por efecto de la suba de la tasa de interés – frenaran la actividad económica. También llevarán moderación a los reclamos salariales ante el acicate de la desocupación. Sabido es que la preservación de las fuentes de trabajo es prioridad para los líderes sindicales. Para “ir tirando” se arreglarán acuerdos por suma fija para el primer trimestre por rama de actividad, a cuenta de unas paritarias que puedan desarrollarse – con suerte – en una atmósfera más calma que la que hoy se respira.
Se prevé para 2014 una baja en el consumo, el principal motor del crecimiento en los últimos años, que afectará a los sectores más dependientes de la demanda interna. La desconfianza ante una devaluación sin plan antiinflacionario hace que se retraigan la inversión y el consumo, por lo que los escenarios de los más pesimistas avizoran recesión o estanflación.
La perspectiva negativa de la deuda dolarizada de una serie de provincias y municipios, hará que mandatarios e intendentes se encuentren en la situación de ver dificultado el refinanciamiento y las posibles nuevas inversiones. Salvo las provincias con ingresos atados al dólar (regalías), las demás se verán más dependientes de la asistencia de la nación.
La lista dice que: la Ciudad de Buenos Aires, tiene el 98 por ciento de su deuda en la divisa estadounidense; Córdoba el 57; la provincia de Buenos Aires el 49; Mendoza el 46; Chubut el 30; Entre Ríos el 29 y Formosa el 12 por ciento.
En el 2013 los gobiernos locales emitieron gran cantidad de bonos ajustados al dólar, de modo que hoy la mitad de la deuda de las provincias y municipios deuda emitida en esas condiciones. El efecto “positivo” es la recuperación de un dólar que reactive las destruidas economías regionales. Pero para que ese efecto se de el país debe recuperar estabilidad y credibilidad.
El peronismo inquieto
Los rumores más fuertes de final anticipado del mandato de Cristina Kirchner han surgido del peronismo. Tanto Jorge Yoma como Luis Barrionuevo han augurado una salida que ministros como Florencio Randazzo y Rossi desmintieron en forma innecesaria.
No es un secreto que la suerte electoral del cristinismo está echada y muchos dirigentes del peronismo no quieren ser “enterrados con el Faraón”, menos aún aquellos que creen tener un futuro político después del 2015.
Los gobernadores peronistas que supuestamente tenían en Jorge Capitanich a un representante de sus intereses, ha demostrado en estos pocos meses un completo apego a las órdenes de Cristina y Máximo Kirchner. La misma transformación que sufrieron las ideas económicas que se suponía había aprendido. Tal vez los gobernadores deban ver la otra parte de su foja de servicios que incluye haber defendido con enjundia las gestiones de Carlos Menem y Eduardo Duhalde.
Máximo y La Cámpora siguen concentrando el poder. El primero se ha transformado en decisor de muchos asuntos delicados y es el que controla la agenda de la presidente. Los segundos, ahora han desembarcado en el Ministerio de Desarrollo Social y con dos lugares en el Consejo de la Magistratura.
Por su parte las relaciones entre el oficialismo y Daniel Scioli han mejorado, tal vez por el apoyo del gobernador a la presidente en este momento difícil. Hasta puede reunirse con José Manuel de la Sota en La Docta, sin que lo hostiguen. Scioli publicitó su reunió con el economista Miguel Bein quien a tono con el apoyo al gobierno explicó que "la Argentina goza de una gran situación de solvencia que permite por primera vez en nuestra historia discutir una agenda de largo plazo, que es la agenda del desarrollo".
Al nerviosismo de los gobernadores e intendentes que además de su futuro tienen un presente difícil para gobernar, hay que sumar el del sindicalismo peronista. Y esa sí que es una combinación altamente destituyente.

Publicado en www.escenariosalternativos.org

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