De la Estrategia Electoral

Las fortalezas de UNEN y la mejor estrategia electoral para potenciarlas. El oficialismo y su huida hacia adelante. El lanzamiento presidencial de Ernesto Sanz.
En el año 2015 habrá segunda vuelta en las elecciones a presidente en la Argentina, tal como parece ser una tendencia regional, si atendemos los casos de Brasil y Uruguay. Esa posibilidad se vaticinaba en nuestro principal socio comercial del MERCOSUR antes de la primera vuelta, además la sorpresa fue que Aécio Neves se alzó con el segundo lugar y muy relegada quedara Marina Silva dada hasta ganadora por algunas encuestas sobre Dilma Rousseff.
El 2015 presenta demás un complejo entramado de combinaciones de reglas del juego electoral según la provincia que se trate, definidos por la existencia de PASO o no y la coincidencia de la elección local con la nacional. En este contexto regional de segunda vuelta – y emergencia de un gobierno que deberá gobernar sin mayorías legislativas – y de reglas diversas para las elecciones provinciales, UNEN debe maximizar sus oportunidades para decidir en cada distrito cuál es la combinación que asegura el triunfo y la consecución de los programas que esa fuerza política elabora en base a coincidencias ideológicas y valores comunes.
En este contexto la Unión Cívica Radical, dentro del colectivo UNEN, se ha trazado una estrategia electoral basada en la flexibilidad para establecer alianzas locales, entendiendo que, en las actuales circunstancias, los análisis de coaliciones no deberían hacerse desde la perspectiva centralista de un país unitario.
Esa visión sesgada por la “Cabeza de Goliat” tampoco repara en que en muchas provincias la democracia no es republicana y que varios gobernadores usufructúan en extendidísimos períodos de gobierno el poder político en beneficio propio y con el consiguiente alto grado de corrupción. Santa Cruz, Salta, La Rioja, Formosa, Santiago del Estero, San Luis y San Juan son algunos de los casos estudiados por la politología nacional como provincias donde reformas constitucionales y electorales mediante se han limitado las posibilidades de alternancia. En esos casos se necesitan estrategias electorales específicas que devuelvan competitividad al sistema de partidos.
Estas realidades provinciales no aparecen en los análisis mediáticos nacionales, como tampoco se recuerda que el 80 por ciento del tiempo democrático iniciado en 1983 fue gobernado por el peronismo – bajo sus diferentes ropajes – y que las provincias siempre fueron gobernadas por una mayoría de gobernadores peronistas.
Frente a un gobierno peronista conducido por Cristina Fernández de Kirchner, lanzado a una radicalización, producto de los problemas económicos y políticos que enfrenta, el espacio UNEN ha realizado en el nivel del estado nacional una defensa de las instituciones republicanas para evitar lo que los Kirchner hicieron en su provincia, que no es diferente a lo que otros caudillos feudales han hecho en Formosa, La Rioja o la gobernación peronista que se elija. Así, se detuvo el embate contra la independencia del Poder Judicial o la cooptación del Consejo de la Magistratura, verdaderos bastiones de la república sometidos al ataque de aquellos que prefieren el ejercicio del poder sin ataduras ni controles, fuente de corrupción e impunidad.
En este marco, y con el objetivo de terminar con una oposición que ha permanecido disgregada, la estrategia electoral del Frente Amplio UNEN a nivel nacional no fija ninguna alianza particular, fortalece su propio espacio, pese a las diferencias que esa estrategia concita, magnificadas intencionalmente por algunos medios con intereses creados. Y a nivel provincial, lo que se ha trazado es la utilización inteligente de reglas de juego para crear una alternativa a candidatos de UNEN, de extracción radical y poder ganar y establecer una bisagra con los regímenes feudales que gobiernan esas provincias.
Las alianzas encabezadas por un candidato de UNEN, con un programa y equipos de esa fuerza política – también hay otras fuerzas que no pertenecen a UNEN en algunas provincias dispuestas a apoyar a ese candidato, a ese programa y a ese equipo – aseguran una fuerte coherencia y gestión de gobierno provincial y apoyo para un presidente de ese signo, con esos valores y políticas.
Prejuicios
“Los peronistas son los únicos que pueden gobernar este país”, es el cliché y la contracara de “los radicales no saben gobernar, o huyen antes de tiempo”. Ambos prejuicios cristalizan la realidad política que determina las cifras de permanencia en el poder que revisamos más arriba y que, como tales, no son verdades inmutables, sino construcciones funcionales al partido que más ha gobernado en los últimos 30 años.
La UCR pasó por muchos avatares a partir de haber dejado el gobierno en el año 2001, luego de intentar de recuperarse a partir de su fortaleza territorial expresada en los intendentes y gobernadores. Néstor Kirchner actuó muy hábilmente con su política de transversalidad para disgregar ese potencial. De seis gobernadores, cinco se convirtieron en los llamados “radicales K” y de 600 intendentes, dos terceras partes sucumbieron al juego de pinzas compuesto de presión con recursos y cooptación política. Esto provocó una demora en la dinámica de recomposición de la base territorial del radicalismo que también tuvo que enfrentar realidades locales de patrimonialismo y conservadurismo alimentados desde el poder central.
En contra de esos prejuicios y a favor de definiciones claras de política partidaria y pública, el senador y presidente de la UCR, Ernesto Sanz, lanzó su precandidatura presidencial el pasado 3 de octubre en el estadio Luna Park con una fuerte asistencia federal en sus colmadas tribunas. Entre otras muchas cosas en su discurso quedó clara su definición: “Somos demócratas porque sólo reconocemos un gobierno legítimo, el que nace de la voluntad del pueblo. Somos liberales porque creemos que cada persona tiene que mandar en su propia vida y tener la posibilidad real de lograr lo que desea. Somos progresistas si eso significa progreso, desarrollo, igualdad de oportunidades y bienestar colectivo. Y somos solidarios, porque sentimos como propios los problemas de todos. Y justamente por ser demócratas, liberales, progresistas y solidarios, justamente por eso, somos radicales.”
La base del proyecto de poder que encarna Sanz es por definición, opuesto al que mayoritariamente ha gobernado las últimas décadas de la Argentina.

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